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Por Carlos Antonio Vélez
L
a gala del Balón de Oro premió, y con
justicia, al Barcelona a través de Messi,
Neymar y Luis Enrique, aunque en
el 11 ideal faltaron Busquets y Luis Suárez,
desconocidos por el perfil de la votación,
más cercano a la afinidad nacionalista o
comercial que al concepto deportivo de
calidad. Igual, la mayoría pertenece al
equipo catalán ganador de cinco trofeos en
el último ejercicio competitivo.
Paradójicamente, coincidiendo con el
tiempo de los reconocimientos para los
azulgranas, el rival tradicional e histórico
naufraga enmedio de una crisis de identidad,
autoridad, juego y demás, producto de un
año sin títulos y una nómina millonaria que
en los últimos 12 meses no ganó nada, salvo
los partidillos ante los más débiles. Polos
opuestos como resultado de cada uno de los
proyectos y del ADN. ¡En las antípodas!
Mientras el Barcelona se construye, sin
excesos de chequera, desde las fuerzas básicas
que alimentan siempre la categoría superior
con productos de alta calidad, Messi es un
ejemplo, y articula una plantilla equilibrada
que solo busca la excelencia en el campo
respondiendo a un estilo, a una manera de
jugaridentificadaeidentificable,lacasablanca
se preocupa por el posicionamiento demarca,
por atacar los mercados con camisetas,
llaveros, ropa deportiva y otras chucherías,
buscando una representación babélica en
su plantilla que corresponda a una variedad
de etnias explotables comercialmente,
pensando más en la pasarela, en los
jugadores mediáticos y de moda, lejos de las
urgencias del juego y, como consecuencia, no
se responde a un estilo, porque, simplemente,
el estilo de juego no existe.
El Real Madrid, hace rato, no sabe a qué
quiere jugar. El solo hecho de haber tenido a
Mourinho y a Ancelotti seguido uno del otro,
opuestos diametralmente en su filosofía
futbolística, es una prueba plena de su falta
de criterio deportivo.
En las últimas semanas decapitó al
enésimo técnico, Rafa Benítez, simple-
mente, porque no le caía simpático a los
jugadores. Parece que a quien llegue con
chapa de trabajador y obligue a las figuras a
justificar el jugoso salario con entrenamiento
y táctica lo ponen rápido sobre el andén bajo
cualquier disculpa.Monumento esperpéntico
de la violación del principio de autoridad,
además de entregar el club y su futuro a
unos jugadores sin sentido de pertenencia,
en un exceso de alcahuetería con figuras que
por serlo no pueden convertirse en una fiel
representación de la impunidad.
La verdad, es un tema de identidad,
de proyectos, de principio de autoridad y
de filosofía; no de si es bueno o malo un
técnico. Se queman unos y otros. No hay
excepciones.
Claro que la elección del Balón de Oro
ya demostró qué es lo que verdaderamente
sirve y cuál es el modelo que hay que
cambiar.
Los títulos dependen
del proyecto
Deportes
Mientras el Barcelona
se construye, sin
excesos de chequera, con productos de alta calidad
como Messi, y articula una plantilla que solo busca
la excelencia, la casa blanca se preocupa por el
posicionamiento de marca y por el ‘merchandising’.




