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Por Luis Noé Ochoa

C

omienzo a escribir esta columna sobre el

optimismo cuando los pajaritos cantan

felices, pues saben que el sol ya dejó las

cobijas y viene por el oriente. Y huele al primer

café de la mañana. Hasta aquí todo suena

bonito, optimista.

Pero me asalta el pesimismo. Y miro a mi

esposa y pienso en el despertar del pajarito. ¿Será

que ella les dejará hoy el pan que a veces les lleva?

¿Por qué los pájaros se levantan tan contentos, sin

siquiera tener asegurada la comida? ¿Por qué esa

alegría, si deben salir al rebusque, como cualquiera

del estrato bajo, en medio de peligros, de polución,

o con el riesgo de que de golpe se estrellen, yendo

a mil, zigzagueantes, como los motociclistas locos?

Pero vuelvo a ser optimista, y pienso que los

pájaros no pagan arriendo, no los despiden del

trabajo, ni les toca hacer filas, ni pagar impuestos, ni

para ellos hay trancón. Y además son la adoración

de las mujeres. Conozco a una santandereana que

hace años anda con un toche.

Pero los pájaros tienen polluelos ydeben traerles

comida, y con este verano a lo mejor no la con-

siguen, o un ave de mal agüero, de esas que andan

en manada, como políticos con guardaespaldas,

se la quita. ¿Qué tal que lleguen del rebusque, en la

noche, y los hijos polluelos ‘pían’ comida y él, ni pío?

¿Será pájaro? ¿Será unamadre soltera a la que se le

voló el marido, que vivía copetón?

Pero vuelvo al optimismo. ¡Imposible! Con tanta

comida que botan los ricos, el pajarito de hambre

no semuere... Pero ¿si nove las cuerdas de la luz y se

choca? Y con tanto perro callejero, como ladrones

de celulares (perdón, perros, por la comparación),

se lo comen...

Enmedio de estas elucubraciones ornitológicas,

me pregunto qué será del día y del año de cada

colombiano. Yme acuerdo de la frase del optimista

inglés William George Ward: “El pesimista se queja

del viento; el optimista espera que cambie; el

realista ajusta las velas”. Eso es, toca ajustar las

velas. En cualquier día o mes. Porque cada año es

un viaje. Pero ¿si no hay buen viento?

Como se ve, ser optimista no es fácil –me lo

dijo un pajarito–. Las alzas de enero superaron los

aumentos mínimos, y se nos olvidó en diciembre

comer una uva para que no vinieran altos

impuestos. El petróleo, a la baja; la inflación sube.

En el agüero de las papas, a muchos nos salió la

pelada. Toca hacer dieta y además apretarnos

el cinturón. Pero, tranquilos, viene lo positivo: si

comemos menos, no entramos casi al baño y se

gastan menos agua y papel.

Porque el fenómeno de El Niño está amañado.

Dicen los expertos que irá más allá de marzo.

Aunque los optimistas creen que es porque se

quiere esperar a la firma de la paz con las FARC.

Los colombianos, los más felices del mundo,

cantamos como las aves aunque la rama cruja,

pero necesitamos que los del poder ajusten las

velas, que los derechos fundamentales, como el

de la salud, al menos, sean de fácil acceso. Que

en urgencias no se demoren en atender hasta

nueve horas, mientras la gente se queja y se

retuerce más que políticos sin ‘mermelada’. Ahí

deben ajustar velas.

En movilidad, por ejemplo, en Bogotá deben

poner orden, sacar a tanto mal parqueado de las

vías principales. Yque hayamás seguridad, porque

aquí lo despluman a uno sin bajarse del árbol.

Pero seamos optimistas. Ya vendrá el Festival

de Teatro. No me refiero a campañas políticas

ni a las negociaciones del mínimo, sino al de

verdad, al del arte maravilloso, el de los actores

serios. Y vendrán las eliminatorias al Mundial

de Rusia. Y viene mayo, y lloverá. Y junio,

vacaciones. Y el cómico Steve Harvey me dijo

que este año ganamos en Miss Universo. Falcao

García triunfará en Europa, y habrá empleo

para sembrar papa en Marte. Pero, sobre todo,

vamos a sembrar optimismo. Así somos los

colombianos, que tenemos alas.

A sembrar

optimismo

Columnista

“Los colombianos,

los más felices del

mundo, cantamos como las aves aunque la

rama cruja, pero necesitamos que los del poder

ajusten las velas...”.