la polémica por los efectos nocivos que pueden conllevar para las personas que los consumen, teniendo en cuenta sus componentes estimulantes. PRÁCTICAS PELIGROSAS Por lo general, son tres las prácticas incorrectas del consumo de este tipo de líquidos: su mezcla con licor; la toma para soportar rutinas intensas de ejercicio o deportes (en algunos países, como Canadá, este hábito es considerado efecto doping para los deportistas y por ello les está prohibido); y consumirlas para desarrollar las actividades del día. Estas razones son las que permiten afirmar, por parte de los especialistas, que son dañinas para la salud y pueden producir consecuencias adversas. “Contrario al licor, la bebida energizante es un estimulante del sistema nervioso central, que puede pasarle factura al cerebro provocando crisis de pánico y afectar al corazón ocasionando infartos agudos del miocardio; utilizarlas antes o después de ir al gimnasio es dañino porque el energizante no hidrata, por el contrario, deshidrata”, explica el médico toxicólogo Hugo Alberto Gallego. Adicionalmente –agrega el experto– suelen contener un alto porcentaje de azúcar. Por ello, su consumo en exceso desajusta los mecanismos que regulan, almacenan y queman los azúcares simples. Este desorden favorece el sobrepeso por almacenamiento de glucosa en forma de grasa. ¿SON ADICTIVAS? La mayor preocupación en torno a este tipo de productos ha surgido por el posible riesgo de generar adicción. Esta razón es la que ha motivado algunos estudios no concluyentes sobre el tema, que la propia Asociación Estadounidense de Bebidas (ABA, por su sigla en inglés) se ha encargado de criticar. En todo caso, no existe hasta el momento una investigación científica o metaanálisis* que haya demostrado el carácter adictivo de las bebidas en cuestión. Para el especialista consultado, su consumo periódico conduce a un hábito y este a una adicción que, aunque no desencadena un estado de abstinencia, Junio de 2014 | 13 FOTOs: ©2014 Shutterstock.com
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