Julio 2026 | 23 Coopidrogas En línea con lo anterior, Alexandra Jiménez Rodríguez, ingeniera industrial y magíster en Alta Gerencia y Coaching, señala que este enfoque fomenta la construcción de grupos de trabajo más cohesionados, transparentes y eficaces. “Cuando las personas trabajan de manera sinérgica y estructurada, los resultados sostenibles aparecen de forma natural”, afirma. UN PROCESO DE MEJORA CONTINUA El esquema de las “cuatro D” no es un evento aislado, sino un ciclo continuo. Cada fase se alimenta de la anterior y, al finalizar, vuelve a pasar con nuevos aprendizajes. La experta en gestión del cambio, Carbonell García lo explica así: 1. Descubrir: identificar lo que sí funciona. El punto de partida es observar con atención los momentos en los que el negocio funciona de manera óptima. El equipo debe detectar cuando el servicio fue impecable o la operación fluyó sin inconvenientes. Ahí está el valor real que percibe el cliente. Esto implica mirar lo cotidiano con otros ojos: qué vendedor conecta mejor con el cliente, qué turno es más eficiente o qué práctica reduce errores. 2. Diseñar: convertir el acierto en norma. Una vez identificados esos momentos exitosos, el siguiente paso es estructurarlos. Aquí se definen protocolos, turnos, guías de atención y organización del trabajo. La clave es que lo que antes ocurría por casualidad se vuelva sistemático. Se trata de planear cada pequeño momento del proceso para que el resultado no dependa del azar, sino de decisiones claras de los colaboradores. 3. Disrumpir: cuestionar lo que ya no sirve. Esta fase exige incomodidad. Implica abandonar prácticas que, aunque tradicionales, ya no responden a las necesidades actuales del negocio. Es dejar de hacer las cosas como siempre para probar caminos más ágiles y eficientes. Puede ser algo tan simple como cambiar la ubicación de productos o tan estructural como reorganizar tareas en el equipo. 4. Desplegar: llevar el cambio al día a día. Las ideas se vuelven acción. Los planes se ejecutan en el mostrador, con clientes reales y en la operación diaria. Aquí todo se pone a prueba y lo diseñado se plasma en tareas concretas que cada empleado debe seguir con precisión. Para que esta metodología funcione, requiere que se convierta en un proceso permanente. Las “cuatro D” deberían aplicarse cada tres meses como un ejercicio de revisión del negocio. El barrio evoluciona, aparecen nuevos competidores y cambian los hábitos de compra de los clientes, por lo que la droguería necesita adaptarse constantemente. “Un negocio que no revisa su ciclo de operación se vuelve invisible para el vecino”, señala Carbonell García. Un LÍDER debe GARANTIZAR que todos los COLABORADORES puedan PROPONER cambios sin miedo.
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