“Instrucciones para llorar”. “Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”. “Conducta en los velorios”. “Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano”. “Las bicicletas”. “En los bancos y casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa”. * Tomado del libro Historia de cronopios y de famas (1962). Edición Alfaguara 1995. Fragmentos sobre…* conversar a Aurora y a Julio en tándem. Todos los demás parecíamos sobrar. Todo lo que decían era culto, inteligente, divertido. La perfecta complicidad y la secreta inteligencia que parecía unirlos”, decía el peruano Mario Vargas Llosa sobre la pareja. El también escritor mexicano Carlos Fuentes, entretanto, no ahorraba elogios para los esposos y aseguraba que Aurora y Julio “formaban una pareja de alquimistas verbales, magos, carpinteros y escribas, de esos que durante la noche construyen cosas invisibles cuyo trabajo solo se percibe al amanecer”. Tras el fallecimiento de Carol Dunlop, Aurora Bernárdez lo acompañó hasta su muerte, la cual ocurrió el 12 de febrero de 1984. La mayoría de sus biografías aseguran que murió como consecuencia de leucemia, diagnosticada dos años atrás; sin embargo, la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, quien escribió sobre Cortázar y además tuvo una relación sentimental con él, afirma en su libro que el escritor sí falleció a causa de la leucemia, pero que esta habría sido provocada por el sida, que el argentino contrajo durante una transfusión de sangre en el sur de Francia. Su entierro, en palabras del Nobel peruano Vargas Llosa, fue, gracias a Aurora, “sobrio y alejado de las previsibles payasadas de los cuervos revolucionarios que se habían aprovechado de él”. Su legado literario, sus manuscritos y lo más rico de su obra estuvo a cargo de ella hasta su muerte a los 94 años, pues Cortázar la nombró como su heredera universal y albacea (persona encargada de cumplir la última voluntad de un finado) de su obra. Su cuerpo yace al lado de su segunda mujer, Carol Dunlop, en el cementerio de Montparnasse, de París. pensado directamente al escribir este libro. Esa es para mí la gran recompensa, la justificación total de Rayuela”. POLÍTICA Y LITERATURA Cortázar se mantuvo atento a lo que pasaba en la política y, aunque era visiblemente antiperonista, nunca participó en grupos o asociaciones políticas. En 1961, comenzó sus viajes a Cuba y descubrió, según sus narraciones, cómo la revolución cubana le mostró el gran vacío político que había en él, su inutilidad política. A fines de 1983, viaja a Argentina para visitar a su madre (a quien no había podido ver durante casi una década) e intenta entrevistarse con el presidente electo Raúl Alfonsín, quien, intimidado por la reputación de izquierdista de Cortázar, se niega a recibirlo. AURORA, CAROL Y UGNÉ: SUS MUJERES En 1953, se casó con Aurora Bernárdez (fallecida el pasado 8 de noviembre), una traductora argentina con quien vivió en París. Si bien posteriormente tuvo otras dos parejas: la lituana Ugné Karvelis y la estadounidense Carol Dunlop, con quien se casó nuevamente, muchos de sus amigos y conocidos coinciden en la fuerza que tenía Aurora y la empatía que había entre los dos. “Nunca dejé de maravillarme del espectáculo que significaba ver y oír Diciembre de 2014 | 77 Copidrogas
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