FOTOs: ©2014 shutterSTOCKPHOTOS 78| Diciembre de 2014 Cultura Los genio ¿Qué tienen en común Picasso, Einstein y Freud? ¡Son genios! Hay quienes piensan que un genio nace, no se hace: sencillamente, tiene el talento para una actividad concreta y le basta con desarrollarla para alcanzar la excelencia. Pero esto es una visión muy simplista. Un genio es talentoso por naturaleza, extremadamente curioso e impulsivo, pero no es solo eso. Le contamos las cinco condiciones que, sin excepción, cumplen todos los genios. Muchos de nosotros alguna vez en nuestra vida nos hemos hecho preguntas para cuestionar nuestro intelecto: ¿por qué no tendré una capacidad tan imaginativa como la de Pablo Picasso, Salvador Dalí, Vincent van Gogh, Leonardo da Vinci o Frida Kahlo para realizar un Guernica, una Metamorfosis de Narciso, una Noche estrellada, una Gioconda o Las dos Fridas? ¿Por qué por mi mente no pasarán pensamientos como los de Albert Einstein? ¿Quién no podría saber algo tan fácil como que, en un punto de vista heurístico sobre la producción y transformación de luz, los fotones explican el efecto fotoeléctrico como un fuerte indicio de la dualidad onda-corpúsculo? ¿O que el movimiento requerido por la teoría cinética molecular del calor de pequeñas partículas suspendidas en un líquido estacionario está basado en el movimiento browniano, explicando el fenómeno por medio de las estadísticas del movimiento térmico de átomos individuales que forman un fluido? ¿Que qué?... ¡POR QUÉ NO FUI UN GENIO! O qué dicen del descubrimiento del gran Isaac Newton: ¡una manzana le cayó en la cabeza y descubrir la gravedad! ¡Me podrían caer hasta cocos y no la hubiera descubierto! También, ¿por qué yo no podría haber sido un Darwin para haber creado la teoría de la evolución de las especies? ¡Quién iba a pensar que salimos de un primate! ¿Por qué no se me ocurren ideas brillantes como las de Tomás Alva Edison?, creador del fonógrafo, la bombilla, la silla eléctrica, el quinescopio, entre otros… ¿Por qué no creé la clave morse, la imprenta, el código de barras, el automóvil, la bicicleta, el reloj, la cámara fotográfica, el teléfono, los aviones, la televisión, la internet o hasta el LSD?… ¿Por qué no se me ocurrió voltear el alfabeto para escribir obras tan brillantes como las de William Shakespeare, Fiodor Dostoievski, Miguel de Cervantes, Charles Dickens, Julio Verne, Gabriel García Márquez, Edgar Allan Poe, El Marqués de Sade, Jorge Luis Borges, Franz Kafka o Pablo Neruda? ¿Por qué no supe utilizar una corchea, semicorchea, negra y blanca, la droga de Mozart, Beethoven, Bach, Vivaldi, Chopin o Wagner para hipnotizar a miles de personas en el mundo con sonidos alucinantes? Para los que alguna vez nos hemos hecho ese tipo de preguntas, la mejor solución sería meternos en un agujero negro y hacer honor a Stephen Hawking, o tal vez aceptarnos como microbios y hacer gala a Louis Pasteur, o, quizá, lo que necesitemos es una brújula para
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