Más allá del rescate: cómo las droguerías sostienen la recuperación de Colombia luego del temblor
Por: Daniel Quirós B. | Gerente General, Coopidrogas.
Cuando la tierra se movió, Colombia reaccionó con una rapidez admirable. Los ciudadanos acudieron a las zonas afectadas, las organizaciones desplegaron recursos y, en medio de la emergencia, se activó una red de solidaridad y respuesta de gran alcance. Fueron horas críticas, marcadas por la urgencia y la esperanza. Mientras los grandes operativos concentraban la atención, en los barrios también continuaba una labor silenciosa, pero esencial: la de las droguerías.
Las droguerías son más que puntos de venta, son infraestructura sanitaria local, especialmente importante en comunidades donde la red hospitalaria es limitada. En muchas regiones del país, las farmacias han sido históricamente el primer punto de acceso a medicamentos y orientación sanitaria. Y con el temblor esa red farmacéutica, anclada en miles de establecimientos pequeños y medianos, demostró que es fundamental para la continuidad asistencial en zonas donde el equipamiento hospitalario se vio afectado.
El acceso a medicamentos y la orientación de los profesionales farmacéuticos son determinantes durante la recuperación después de una crisis. Una persona con diabetes necesita mantener su tratamiento; alguien con hipertensión, continuar con sus medicinas. Por eso, mantener una droguería operativa en una zona afectada por un desastre natural requiere profesionalismo para preservar condiciones como la cadena de frío, asegurar la disponibilidad de inventarios y contar con el conocimiento adecuado sobre los medicamentos. Pero detrás de cada uno de estos procesos hay algo aún más importante: personas que necesitan respuestas en un momento de especial vulnerabilidad.
La red de droguerías de barrio es un eslabón crítico para garantizar la continuidad de la salud y el bienestar de nuestras comunidades. Es parte de esa infraestructura sanitaria que, día a día, permite que incluso en los momentos más adversos el acceso a medicamentos y orientación profesional no se interrumpa.
Colombia tiene una oportunidad invaluable para aprender de esta crisis: la salud de barrio es también salud de país, y la resiliencia se construye desde cada comunidad. Mientras los equipos de emergencia trabajan en las zonas más afectadas, en los barrios también hay quienes sostienen la atención con sus puertas abiertas, orientando y atendiendo a quienes lo necesitan. Reconocer este papel implica fortalecer estas redes, invertir en su capacidad de respuesta y promover políticas públicas que permitan que sigan funcionando cuando más se necesitan. Porque cuidar la salud de las comunidades también es una forma de construir y proteger su futuro.
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