Copidrogas septiembre 2014

 Copidrogas A San Antonio de Padua se le atribuyen poderes para conseguir pareja, aunque también para que aparezcan las cosas perdidas. En el mes del Amor y la Amistad, recordamos la historia de este celestino por excelencia. Se cree que Fernando Martins de Bulhôes y Taveira de Azevedo, más conocido como San Antonio de Padua, nació en Lisboa (Portugal), entre los años 1188 y 1195. Sus padres, Martín de Alfonso, un caballero portugués, y María Taveira, tenían mucho dinero. Se trataba de una familia de nobles con inclinación militar que querían ver a su hijo como un prohombre de la sociedad portuguesa, por lo que no estaban de acuerdo con su vocación religiosa e intentaron disuadirlo. Pero él tenía otros planes. Renunció a su herencia y siguió su camino místico. A muy temprana edad fue recibido en el monasterio de San Vicente de Fora, en Lisboa, por los canónigos de San Agustín. Dos años después, con el fin de dedicarse más al estudio de la teología, se trasladó al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, cerca de Lisboa, donde logró revestirse el sayal, el hábito franciscano, y convertirse en el hermano Antonio. Como misionero viajó por muchas ciudades de Italia y Francia e, incluso, partió hacia Marruecos, pero, cuando estaba próximo a desembarcar, contrajo una enfermedad que le dejaría secuelas para toda la vida y que, según algunos cronistas, era malaria, pero otros afirman que era hidropesía (retención de líquidos en algunos órganos). Debido a este problema, tuvo que regresarse y se fue a vivir a tierras italianas, donde se destacó por ser caritativo y gran predicador, elocuente y convincente, como lo señala Eliécer Salesman en su obra Vidas de los santos. LA LEYENDA Una mujer tomó con rabia la imagen de San Antonio de Padua porque no le había cumplido el milagro que le pidió y la arrojó con violencia por el balcón. La pequeña estatua cayó en la cabeza de un distraído transeúnte, que gritó cayendo al suelo. La mujer, al ver la

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