Tráfico ilícito, un mal que no termina El comercio ilegal de bienes culturales se presenta desde hace décadas, pero, según los expertos, ha ido creciendo en forma paralela a una formidable expansión del mercado internacional de arte y otros bienes similares, y va unido a actividades delictivas como el saqueo de sitios arqueológicos, el hurto o robo de piezas, la falsificación, la estafa y el contrabando. En el caso específico de los sitios arqueológicos, y, conforme lo explica el documento “El patrimonio en peligro”, del Banco de la República, cuando son saqueados, la información sobre el contexto se pierde definitivamente. “… La guaquería destruyó para siempre el contexto y la posibilidad de reconstruir la historia. Muchos objetos salieron clandestinamente del país”. Según la Unesco, el robo, el saqueo y el tráfico ilícito de objetos culturales son “una negación pura y simple de los pueblos: reducen la historia a la categoría de mercancía, causan daños graves, y a menudo irreversibles, a la memoria colectiva, a la cohesión social, al patrimonio”. El ICANH, con la colaboración de la Policía Nacional de Colombia, ha hecho incautaciones en galerías de arte y a coleccionistas privados que venden el patrimonio. Con los ministerios de Cultura y de Relaciones Exteriores, ha repatriado piezas que circulaban como objetos de arte en el extranjero y se vendían en las casas de subastas. En junio pasado, en las instalaciones del Museo de América, de Madrid (España), se entregaron al país 691 piezas pertenecientes a su Patrimonio Arqueológico Nacional. Un mes más tarde (en julio), fueron devueltas de manera voluntaria 54 piezas pertenecientes al patrimonio nacional. Museo Arqueológico de Calima Darién. Esta joya arqueológica se encuentra ubicada en el suroccidente de Colombia, en el centro del Valle del Cauca. Su museo, fundado en 1981, reúne cerca de 2.500 piezas de todas las culturas que habitaron la zona. Las de la cultura calima, por ejemplo, se caracterizan por las técnicas de martillado y repujado en la orfebrería. La cultura yotoco, por su parte, usaba la técnica de la pintura policrómica en sus cerámicas; la cultura llama utilizaba colores rojo y negro, mientras que en las piezas de la cultura sonso se evidencian técnicas de fundido. Parques arqueológicos Alto de los Ídolos y Alto de las Piedras. Ubicados en el margen izquierdo del río Magdalena, a solo 30 kilómetros del Parque San Agustín, estos dos parques constituyen el segundo sitio arqueológico en importancia del país, con vestigios de un centro religioso y ritual. En Alto de los Ídolos, se encuentran los conjuntos funerarios mejor conservados de la cultura agustiniana, de la cual se hallaron evidencias de ocupación humana desde el cuarto milenio antes de Cristo. No obstante, las esculturas y complejos funerarios se construyeron durante el período denominado por los arqueólogos como clásico o intermedio, entre el año 200 a. C. y el 800 d. C. El Parque se destaca por sus características muy particulares en la representación de esculturas antropomorfas (forma de hombre) y zoomorfas (forma de animales), sus dimensiones, presencia de sarcófagos (recipientes destinados a contener un cadáver) y tinas ceremoniales de piedra y la pintura, tanto en las estatuas como en los muros de los sepulcros y templetes. El Alto de las Piedras tiene cuatro esculturas que, al igual que las tumbas, conservaron sus colores originales. Entre las estatuas, sobresale la figura de un personaje humano con colmillos. Sobre su cabeza y cuerpo reposa otra representación de un personaje con rasgos humanos y de animal. Parque Arqueológico de Facatativá. También conocido como las Piedras del Tunjo (o Tunja, por algunos ciudadanos del común), está ubicado en el departamento de Cundinamarca, a tan solo 40 km de Bogotá. Tiene una superficie de 29 hectáreas, en las cuales se pueden encontrar abrigos rocosos, pintura rupestre y maravillosos paisajes y gigantescas rocas metamórficas (que se forman a partir de otras rocas). También, 60 murales esparcidos irregularmente por todo el Parque. Desde 2009, está a cargo del municipio de Facatativá bajo la figura de comodato, con la supervisión del ICANH. En la actualidad, se están realizando no solo procesos tendientes a la restauración del arte rupestre, sino también a la investigación arqueológica y antropológica del legado que nos dejaron los primeros pobladores del altiplano cundiboyacense y, en especial, del occidente cundinamarqués. Conocer estos lugares y velar por su preservación es un aporte al patrimonio cultural, una manera de respetar nuestros antepasados y una forma divertida de entender de dónde venimos. En este mes del patrimonio, decídase a saber un poco más de su país. Septiembre de 2014| 19 Copidrogas
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