66| Octubre de 2014 Personaje ejercitaran en el manejo de las armas, cabalgar y cazar, tal y como lo estipulaba la cultura de los francos. Las hijas, entretanto, se acostumbraron a trabajar la lana y el huso, todo para que no se dejaran llevar por el ocio y que se les enseñara todo lo correspondiente a una mujer honesta. “Demostró tanta atención por la forma en que se educaban sus hijos e hijas que nunca en su casa cenaba sin ellos, jamás se ponía en marcha sin ellos. Los hijos cabalgaban a su lado, mientras las hijas los seguían detrás, cerrando el cortejo, con algunos guardianes encargados de protegerlas”, relata Eginardo. GESTAS GUERRERAS Durante 47 años, el rey Carlomagno lideró –con tanta prudencia como felicidad, según dice su biógrafo– guerras por toda Europa para consolidar su imperio. Con ellas amplió de tal forma el reino de los francos que casi lo aumentó al doble, respecto de lo que recibió de su padre. Muchas de estas batallas se dieron de forma simultánea, lo que demuestra su grandeza y visión. “Con su vida y obra, Carlomagno vuelve a dar la sensación de unidad, de que es posible reunificar la Europa. Por eso, por todo su aporte cultural, por toda su fuerza e influencia en el clero, por la manera como apoyó las abadías y consolidó el mundo de su época e hizo que todas esas estructuras se fortalecieran, se le recuerda como el antepasado de la unión europea”. “… es como el primer sueño de la reunificación de Europa atomizada después de la caída del imperio romano. Él sellará una unión que partirá la historia en dos: el sacro imperio romano-germánico, que no es otra cosa sino el antecedente de lo que va a ser en el futuro la Unión Europea, que es básicamente una unión de los germanos y los francos”, explica la historiadora Uribe. De todas las guerras que llevó a cabo, la primera que emprendió fue la de Aquitania, que comenzó, pero no terminó, su padre. Después vino la guerra contra los longobardos, la cual fue concluida con celeridad con la rendición del rey Desiderio, a quien obligó a marcharse del reino junto con su hijo; este triunfo logró la restitución del patrimonio arrebatado por los reyes de los longobardos a Adriano, entonces cabeza de la Iglesia romana y gran amigo de Carlomagno. Después del final de esta guerra, le siguió la sajona, que duró 33 años ininterrumpidos y se llevó a cabo con gran animosidad por ambos bandos, aunque con mayores pérdidas para los sajones que para los francos. Carlomagno triunfó de nuevo y les impuso sus condiciones: dejar sus cultos, abandonar las ceremonias patrias, adoptar la fe cristiana y sus sacramentos, y unirse con los francos para formar un solo pueblo. Sometió también a los bretones, y, posteriormente, surgió lo que su biógrafo llama una de sus mayores campañas: la batalla que libró contra los ávaros o hunos y a la que dispuso grande entusiasmo y recursos. “Toda la nobleza de los hunos pereció en esta guerra, toda su gloria se desmoronó; toda su riqueza y los tesoros reunidos a lo largo de los tiempos se convirtieron en botín, y no puede recordarse guerra alguna de las emprendidas contra los francos de la que estos hayan salido más enriquecidos y aumentados en sus recursos”, relata Eginardo. Tras librar sus batallas y ya en medio de su vejez, nombró a su hijo Luis como heredero imperial. Ordenó que se le llamara Augusto y se marchó a su palacio de Aquisgrán. Allí, en medio del invierno de enero, una fuerte fiebre lo llevó a guardar cama y, finalmente, a la muerte cuando tenía 62 años de edad, no sin antes recibir la sagrada comunión. Su cuerpo, según el rito, lavado y vestido fue llevado a la iglesia e inhumado entre la absoluta desolación de todo el pueblo. Fue sepultado en la Basílica que construyó y sobre la tumba se colocó una arcada dorada con su busto esculpido y una inscripción que lleva el siguiente texto: “Bajo esta losa está colocado el cuerpo de Carlos, grande y ortodoxo emperador, que amplió noblemente el reino de los francos y gobernó felizmente durante XLVII años”. Por todo su aporte cultural, su fuerza e influencia en el clero, la manera como consolidó el mundo de su época, a Carlomagno se le recuerda como el antepasado de la unión europea.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==