Octubre de 2014 | 65 Copidrogas Nacido en Europa hacia el año 742 d. C. (no hay certeza de si fue en Aquisgrán o en Herstal), Carlomagno fue rey de los francos desde 768 hasta su muerte, rey nominal de los lombardos y emperador de Occidente. Hijo del también rey Pipino, de quien heredó su reino. Cualquiera pensaría –dice la historiadora colombiana Diana Uribe– que por ser su padre el creador de un reino gigantesco (que iba desde el canal de La Mancha hasta el Mediterráneo), sería recordado como el más poderoso de su época, pero, en esta oportunidad, el alumno superó al maestro y Carlomagno, su heredero, “lo va a ensombrecer totalmente… casi lo va a dejar en el olvido de lo grande que va a ser”, narra Uribe en su compendio investigativo sobre la historia de Francia. A la muerte de su padre Pipino, Carlomagno compartió la gobernanza del imperio con su hermano, pero, tras la muerte de este, fue nombrado único rey por consentimiento de todos los francos. Desde entonces, se dedicó a trabajar en su gesta, por la que es recordado como uno de los hombres más importantes de la historia de Europa y del mundo. Con cuerpo amplio y robusto, estatura elevada y cabeza grande, Carlomagno se caracterizaba por ser devoto practicante de la religión cristiana, en la que se educó desde la primera infancia. Moderado en la comida y la bebida, pero aún más en esta última porque abominaba la ebriedad en cualquier hombre, fue un gran estadista y sus dotes de guerrero y visionario nunca se vieron ensombrecidos por su analfabetismo. De hecho, esto era común para la época, en los de su estirpe, y se explica porque para entonces el conocimiento (léase los libros) estaba en las abadías, que eran lugares donde los monjes preservaban los textos de la Edad Media. No obstante, y pese a no saber leer ni escribir, dedicó mucho tiempo y esfuerzo al aprendizaje de la retórica, la dialéctica, la astronomía y el arte del cálculo, y expresaba con claridad lo que deseaba. No satisfecho con el uso de su lengua materna, se dedicó al estudio de otras extranjeras y cultivó con gran afán las artes liberales. EL VALOR FAMILIAR Los datos más cercanos sobre su vida familiar e íntima los narra de forma extraordinaria Eginardo, su biógrafo, pues la cercanía y amistad con el emperador le permitieron conocer no solo sus dotes de guerrero, sino también otros aspectos de su día a día. Cuenta que su madre, Bertrada, envejeció junto a él rodeada de los máximos honores y que la trataba con suma reverencia, lo mismo que a su única hermana llamada Gila, consagrada desde los primeros años de su juventud a la vida religiosa. Tuvo varios matrimonios y sus hijos sobrepasaron la decena. Decidió que todos ellos (tanto hombres como mujeres) se iniciaran primero en las artes liberales, posteriormente hizo que los varones se Estatua de Carlomagno en Aquisgrán, capital del Sacro Imperio Romano, que él gobernó.
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