Copidrogas octubre 2014

Octubre de 2014 | 13 Copidrogas  Con la asesoría de: Jorge Ernesto González, MD Ginecoobstetra Luis Fernando Botero, MD Ginecoobstetra La menopausia es la ausencia o cese de la menstruación por un período de 12 meses consecutivos, sin patología evidente y secundaria a una falla en la función de los ovarios. Hoy en día, el manejo de la menopausia prioriza a la persona, no a los síntomas. El abordaje de este período biológico de la mujer y sus manifestaciones clínicas ha cambiado drásticamente en la última década, al punto de que en muchos casos se ha dejado de lado la famosa terapia de reemplazo hormonal para abrir paso a otras opciones terapéuticas que tratan a la mujer de manera integral, teniendo en cuenta, además de sus condiciones físicas, sus emociones, alteraciones psicológicas y madurez física y mental. Durante la época de la terapia de reemplazo hormonal, que tuvo su máximo auge en la década de los años 90, las mujeres sintomáticas eran tratadas de forma casi exclusiva y generalizada con este método. A partir de 2002, con la publicación en la revista JAMA del estudio Women’s Health Initiative, más conocido mundialmente por su sigla en inglés WHI, el cual advirtió sobre los riesgos del uso extendido de los preparados hormonales, se cambió completamente el enfoque y se alertó sobre el uso individualizado que debe darse a la terapia hormonal, teniendo en cuenta el balance de la relación riesgo-beneficio para cada paciente. “Hace poco más de 10 años, todos los médicos en el mundo formulábamos estrógenos para las pacientes, convencidos de que era la alternativa para una mejor calidad de vida y pensando que les favorecía en la reducción de infartos, las oleadas de calor y los cambios bruscos de humor. Sin embargo, con el estudio WHI1, nos hicieron ver que lo que hacíamos durante tanto tiempo era producir más daño que beneficio. Por cada diez mil mujeres a quienes suministrábamos estrógenos, una desarrollaba cáncer de seno, y, aunque esta terapia mejoraba en algo las condiciones de osteoporosis y los cambios de humor, era mayor el daño que el alivio”, explica el doctor Luis Fernando Botero, ginecólogo y obstetra. UN ABORDAJE DISTINTO El hecho de desvirtuar la medicación con estrógenos se convirtió en un gran dilema, pues los especialistas prácticamente se quedaron sin herramientas para tratar a sus pacientes. A esto se sumó la posición de la North American Menopause Society (NAMS)2, que al respecto confirmó, en el año 2010, que el uso de terapia hormonal debía indicarse en la mujer posmenopáusica exclusivamente cuando los beneficios de dicho tratamiento superaran los riesgos. Incluso, el mismo estudio WHI señaló en su momento que no existía ninguna investigación o publicación que permitiera hacer recomendaciones generales para todas las mujeres, por lo que cada caso era particular y debía individualizarse. NUEVAS OPCIONES DE MANEJO Se necesitaba entonces ofrecer a los terapeutas otras opciones y es cuando aparecen los moduladores de serotonina, medicamentos que actúan regulando las emociones y los cambios abruptos de la conducta, que van desde la depresión hasta los comportamientos agresivos, e, incluso, las alteraciones de tipo alimentario que hacen fluctuar a la mujer entre períodos de mucha ansiedad por comer y otros de inapetencia. Adicionalmente, aparecen sustancias naturales derivadas de la soya y los fitoestrógenos, compuestos que se encuentran en los vegetales, similares a los estrógenos humanos, los cuales pueden producir los mismos beneficios sin el temor de los efectos adversos. Normalmente se hallan en muy pequeñas cantidades en los alimentos. Su actividad estrogénica se debe Sustancias naturales derivadas de la soya y los fitoestrógenos, que provienen de los vegetales y son similares a los estrógenos humanos, son benéficos en esta etapa.

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