embalan la mercancía para ser transportada por vía terrestre a Manizales, exactamente ese mismo lunes. Ya el martes comienza la travesía de la capital caldense a Marquetalia. Pero llega a un pueblo llamado Manzanares y de ahí, luego, sí llega a Marquetalia, todo vía terrestre”. Aparentemente, esta descripción es sencilla, pero, cuando se conocen los detalles del proceso, la historia no podría ser más alejada de esa impresión. Los productos deben vencer duros obstáculos, como carreteras sin pavimentar y trochas inhóspitas, acomodarse en los famosos yipaos, aquellos Jeep Willys que cargan cualquier tipo de cosas entremezcladas con pasajeros, y soportar estos embates durante las seis horas que dura el recorrido hasta Marquetalia. La lluvia, el sol, el ‘baje y descargue’ de los productos, también forman parte de las duras ‘piedras del camino’ hasta llegar al final de su recorrido. “A los encargados de los Jeeps no les interesa mucho si son medicamentos, comida o cosas delicadas. Todo va entre las papas, las yucas o el café… En fin. Cuando tienen alta demanda, les echan mucho peso encima, demasiados bultos, y a veces la mercancía sí llega un poquito ‘aporreada’; pero ese es el trayecto obligado que debe hacer para llegar hasta acá”, describe el propietario de la Droguería Medicafé. Después de este largo recorrido, la satisfacción del deber cumplido es grande para Don Orlando: “Porque al menos uno dice: pude servir para algo, pues, cuando uno entrega el medicamento, se da cuenta de que la gente sale contenta de la droguería. Esa es la satisfacción que brinda el poder servir a la comunidad”, concluye este asociado, con 19 años de pertenencia a la Cooperativa. En lancha, a lomo de burro, por trochas y ríos... No importa la forma o el medio, los medicamentos llegan a su destino por una sola razón: procurar el bienestar y la salud de los vecinos. A TIQUISIO POR LA JUNGLA MARINA La situación de orden público no es ajena a las dificultades que los asociados a la Cooperativa pueden afrontar para que los productos lleguen a surtir sus droguerías. Se trata de una fronterapolíticaygeográficaquedebensuperar para atender a sus clientes. Rodolfo Atencia es propietario de la Droguería Mare Nº 3, ubicada en el municipio de Tiquisio, sur de Bolívar. Una vez realiza el pedido, los productos que llegan a su dependencia salen de la Regional Barranquilla en uno de los vehículos contratados por la Cooperativa para tal fin; luego, llegan a Sincelejo y de ahí los toma un ‘reexpedidor’, quien la transporta hacia la ciudad de Magangué (Bolívar). Enseguida, el asociado contrata una lancha (bautizada con el nombre de ‘Johnson’) que, después de 45 minutos por el río Magdalena, llega a Tiquisio, un lindo pueblo adentro, en lo más autóctono, de este departamento del Caribe. “Esa lancha no tiene carpa, entonces las cajas se mojan. Eso a veces me acarrea problemas. Por fortuna, los medicamentos vienen muy bien resguardados. En ocasiones, yo la recibo en Magangué; desde allí, la mercancía se demora dos días en llegar porque la embarcación que la trae debe adentrarse en la jungla marina y sobrepasar cuatro ciénagas”, cuenta el cooperado. Sin embargo, llevar las mercancías a este destino es una gran satisfacción para Don Rodolfo: “Pese a todos los inconvenientes, llevarle los medicamentos a mi comunidad ha resultado una tarea muy exitosa. Los habitantes del pueblo vienen a mi droguería, consiguen lo que necesitanysalenmuycontentos”,manifiesta. 57
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