La travesía empieza en la sede Cali, de donde se despachan furgones certificados con la mercancía hasta el puerto de Buenaventura. Allí, en medio de la selva húmeda, los productos llegan a una bodega (serviducto) donde son almacenados en compartimentos debidamente climatizados, mientras se efectúa el proceso de facturación. Muchos de ellos deben salir casi de inmediato a su destino. Hombres fuertes y corpulentos, dedicados al trabajo arduo, llamados popularmente ‘coteros’, y quienes fácilmente podrían titularse como héroes anónimos de la nación, son los responsables de disponer la carga en los contenedores de un barco que recorre la costa Pacífica suministrando artículos de primera necesidad a poblados a los cuales todo, incluso la gente y la vida cotidiana, llega únicamente por este medio de transporte. Las cajas correctamente embaladas desde Cali, de tal forma que queden herméticas, no viajan solas; junto a ellas, pueden ir gallinas o productos perecederos que surten los municipios alejados del Pacífico nariñense. “En esas bodegas del barco, van revueltos con todo: alimentos, granos, cereales, va de todo. Estas no son planas, es como meter mercancía en un balón de fútbol”, cuenta Pedro Barreiro Zapata, propietario, junto con su esposa Floricelda, de la Droguería Mi Flor, asociada a COPIDROGAS. Una vez la motonave llega al puerto, las cajas reflejan el impacto de 24 horas ‘a la mar’; eso sí, la mercancía permanece intacta gracias al óptimo embalaje efectuado desde la planta de la regional. Pero allí no termina el camino. Nuevamente los ‘coteros’ cumplen su función en el desembarque en el muelle de Timba (Chocó) y estiban la mercancía en un vehículo que por carretera la transporta hasta la droguería. “Nosotros albergamos la esperanza de que no haya sucedido nada, pero eso es imposible, un pequeño porcentaje de la mercancía llega con averías, inservible. Afortunadamente, es una mínima cantidad. Algunas latas se estallan, unas cajas llegan afectadas por la salinidad, pero siempre logramos salvar la mayoría”, explica el asociado. Son 72 horas de recorrido hasta la población nariñense, una odisea que para el dueño de la droguería termina en entera satisfacción cuando entrega a sus clientes lo requerido. “Uno les dice que lo máximo son tres días para que llegue el medicamento o el producto de primera necesidad, nosotros de cualquier manera nos comprometemos con el cliente, la pedimos por teléfono y la mercancía llega, hacemos lo imposible para que el cliente la obtenga. Cumplimos gracias a que la Cooperativa nos brinda todo el apoyo y a veces nos valemos de la droguería de Tumaco, donde también hay una farmacia asociada”, expresa Don Pedro. DE MARQUETALIA PARA ‘TODO EL MUNDO’ El pedido que se le haga a Don Orlando Bernal, en su Droguería Medicafé Todo Mundo, sabe que lo podrá conseguir, así se le demore “unos días”, como asegura este asociado. Su droguería está ubicada en Marquetalia, municipio localizado en el oriente del departamento de Caldas, en el denominado ‘Alto Oriente’ caldense, a donde no es fácil llegar por su ubicación geográfica rodeada de montañas y caminos de difícil acceso. Así describe cómo surte su droguería: “La situación es muy sencilla: por lo regular, el pedido se hace el día lunes a la sede Pereira. Allí Marquetalia Son 72 horas de recorrido hasta la población nariñense, una odisea que para el dueño de la droguería termina en entera satisfacción. Logística 56
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