¡Ah!, claro que no todo fue perfecto, pues no faltó la ‘falla’ en la dispensación de algún producto, con la lógica consecuencia de unos cuantos correazos y la severa recomendación de no volver a distraerse y tener siempre la cabeza bien puesta en lo que se hace. Cuando estos entusiastas jóvenes terminaron sus estudios de bachillerato, ya tenían claro que querían continuar los pasos de sus padres de manera simultánea a sus sueños profesionales, es decir, realizarían su carrera a la vez que se mantendrían pendientes de todo lo relacionado con la droguería, porque desde ese momento pensaban en grande y querían tener su propio negocio. 127
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