Esta afirmación, acompañada de una sonrisa, es lo que los integrantes de la nueva generación de copidroguistas expresan cuando se les indaga acerca de su experiencia como hijos de asociados a la Cooperativa. ’SER COPIDROGUISTA ES LO MEJOR QUE ME HA PASADO EN LA VIDA‘ on cientos los hombres y mujeres que crecieron de la mano con COPIDROGAS, pues sus padres se afiliaron a la Cooperativa antes de que ellos nacieran o cuando apenas eran unos niños; por eso, sus recuerdos de infancia están fuertemente ligados a la droguería. LOS PRIMEROS PASOS La niñez de esta nueva generación de copidroguistas transcurrió en la droguería de sus padres, allí empezaron a gatear, dieron sus primeros pasos, usaron cajas de mercancía como improvisadas cunas y empezaron a identificarse con el negocio familiar. Eso hizo que pronto quisieran imitar a papá o a mamá, entonces les resultaba divertido jugar a asumir el papel de cajero, organizar mercancía o manejar los elementos de la oficina, como los sellos, las calculadoras o las etiquetadoras. Cuando llegó la época escolar, fue en la droguería donde estos pequeños aprendieron a contar, a sumar, a identificar los colores y, claro, fue con cajas de medicamentos como muchos padres enseñaron matemáticas a sus hijos… los conjuntos, los fraccionarios, los decimales, entre otras operaciones. Pero, más allá del ‘trabajo’, estos chicos S La actualización continua y un alto sentido de pertenencia a la Cooperativa generaron una nueva fuerza de colaboradores que se involucran desde sus famiempresas. también disfrutaron los torneos deportivos y los paseos organizados por la Cooperativa, actividades que siempre resultaron divertidas y gratificantes. 'YA SOY GRANDE Y PUEDO' Al llegar el tiempo de cursar los estudios de secundaria, esta naciente nueva generación se arriesgó a pedir espacio para hacerse responsable de algunas labores, hubo quienes recibieron como respuesta un trapo y un balde, elementos necesarios para mantener los estantes de mercancía impecables, eso sí bajo la condición de no romper ni un solo frasco, de lo contrario sería descontado del pago acordado. Todos pasaron la prueba, porque, mientras se ocupaban de la limpieza, sus sabios padres vigilaban el aprendizaje de los nombres de los medicamentos, la manera como atendían al público y la forma de asumir responsabilidades, y, entonces, en esa misma medida, iban delegando nuevas tareas. Fue así como pronto llegó el fantástico día en que los dejaron ‘a cargo’ por unas horas, mientras papá o mamá iban a almorzar o cumplían otros compromisos, no sin antes dejar al aprendiz advertido de avisar en caso de presentarse alguna novedad. Relevo generacional 126
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