La división del trabajo, entendida como especialización de tareas. Predecir posibles conflictos entre los industriales o empresarios y los obreros. La acumulación de capital genera el desarrollo económico. Cuando el industrial tiene más capital, expande sus empresas, y se produce crecimiento económico. Cuando existe un mercado competitivo, es decir, en el que concurren diversos productores con sus mercancías y compiten libremente con precios y calidad, funciona mejor la economía que cuando la competencia desaparece. ‘LA RIQUEZA DE LAS NACIONES’ En 1764, Smith renunció a seguir siendo docente y viajó a Francia como tutor o preceptor del joven duque de Buccleuch. Siguieron ambos a Ginebra donde conoció al admirado Voltaire. Más tarde se estableció en Toulouse donde redactaría su obra más famosa y que publicaría en Londres en marzo de 1776: La riqueza de las naciones. El éxito de este trabajo fue inmediato y duradero hasta nuestros días. Su primera edición se agotó en seis meses, y estando aún vivo Smith se publicaron 5 ediciones, y 30 años después de la primera estaba traducido al danés, francés, alemán, italiano, español y ruso. Según el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, es “el libro más grande jamás escrito sobre la vida económica”. La tesis esencial de la publicación es considerar que la clave del bienestar social reside en el crecimiento económico, que se vigoriza mediante la división del trabajo y la libre competencia. La división del trabajo, tan necesaria, se seguirá profundizando en la medida en que aumenta el tamaño del mercado, que requerirá más especialización, y las contradicciones producidas por las leyes del mercado serían corregidas por la llamada ‘mano invisible’ del sistema. Además trató de demostrar cómo el egoísmo humano (el deseo de cada persona de tener más) impulsaría la riqueza de los pueblos si los gobiernos dejaran hacer y pasar, sin tantos intervencionismos. Pero Smith no era enemigo de la intervención, pues consideraba que la moral y la ética se convertirían en alertas tempranas para evitar los abusos del mercado. En materia de libre comercio diría que “si un país extranjero puede suministrarnos materia prima más barata que la que nosotros mismos podemos producir, es mejor comprársela con una parte de la producción de nuestra propia industria, empleada de una manera en la que tengamos algo de ventaja”. Y ese libre comercio no debería tener trabas. En su obra ordena de forma científica los fundamentos del capitalismo moderno, y presenta toda su justificación teórica de tal manera que dejaría huella en el pensamiento de los más reconocidos e influyentes economistas, como David Ricardo, Karl Marx y Milton Friedman, y sirve, aún hoy en día, como sustento teórico a quienes son defensores del mercado libre. Para muchos, Adam Smith es el padre de la economía, aunque para ganarse este lugar solo necesitó publicar tres libros: Ensayos filosóficos, y los dos ya mencionados en este artículo. En su obra Teoría de los sentimientos morales escribió: “¿Qué finalidad tiene todo el trabajo y el ajetreo de este mundo? ¿Qué finalidad tienen la avaricia, la ambición, la persecución de la riqueza del poder y de la preeminencia?”. Y en La riqueza de las naciones brinda la respuesta, cuando afirma que toda la justificación de la dureza para encontrar la riqueza y la gloria está en el bienestar del hombre. Concepto muy alejado del de capitalismo ‘salvaje’ que se le ha endosado y que consiste en que todo lo define el mercado –hasta las limosnas–, la intervención tiende a cero y el incremento del capital no interesa sino la utilidad. Adam Smith publicó ‘La riqueza de las naciones’ en 1776, uno de los libros más importantes en la historia de la economía. 62 | Junio de 2014
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