Siete novelas, nueve libros de cuentos y otros textos célebres que se acercan a la veintena hacen parte del legado literario de uno de los escritores más importantes para la literatura latinoamericana y mundial. Este año celebramos el centenario de su nacimiento. Nacido en Bélgica, pero nacionalizado argentino desde muy temprana edad, el escritor Julio Florencio Cortázar llega al mundo el 26 de agosto de 1914, año en que se daba inicio en Europa a la Primera Guerra Mundial, tras la cual sus padres, Julio y María Herminia, se establecieron en el suburbio bonaerense de Banfield en Argentina y allí su padre abandona a la familia. Julio queda entonces rodeado de mujeres: su madre, su tía, su hermana y su abuela. Antes de alcanzar renombre gracias a su obra literaria y a su trabajo como traductor, Cortázar recorrió varias ciudades de Argentina dictando clases. Fue profesor en la Escuela San Carlos de la ciudad de Bolívar, en la Escuela Normal de Chivilcoy y en la Universidad de Cuyo, esta última gracias a un ofrecimiento que le hicieron para dictar cátedras de Literatura Meridional y Septentrional. “Enseñé en ella sin tener título universitario; era una universidad muy joven, pagaban unos sueldos de hambre, pero al mismo tiempo nos proponía a los jóvenes argentinos una especie de apostolado: ir a enseñar aquello que nosotros 'Queremos tanto a Julio...' Tras su muerte, plumas de la literatura latinoamericana escribieron en honor del escritor argentino. Seleccionamos algunos fragmentos. Gabriel García Márquez (Colombia): “Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también los que mejor lo definían. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espec- táculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer”. Carlos Fuentes (México): “En Cortázar, el hombre era tan excelente como sus libros y estos tan excelentes como el hombre que los escribía (…) Coincidimos políticamente en mucho, pero no en todo. Nuestras diferencias, sin embargo, aumentaron nuestra amistad y nuestro mutuo respeto, como debe ser en el trato inteligente entre amigos, que no admite ambición, intolerancia o mezquindad”. Mario Vargas Llosa (Perú): “Durante los años que viví en París fue uno de mis mejores amigos y también algo así como mi modelo y mentor. A él le di a leer en manuscrito mi primera novela y esperé su veredicto con la ilusión de un catecúmeno, y cuando recibí su carta generosa, con aprobación y consejos, me sentí feliz (…) Yo admiraba su vida, sus ritos, sus manías, sus costumbres, tanto como la facilidad y limpieza de su prosa”. Diciembre de 2014 | 75 Copidrogas
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