Actualidad 16| Diciembre de 2014 Tener un negocio, asociarse en uno ya existente o dar rienda suelta a una idea en la que se pensó toda la vida, pero que nunca se ejecutó, son buenas alternativas en el momento de decidirse por ser empresario en la tercera edad. Más si se tiene en cuenta el panorama pensional del país, que no resulta alentador y se estima que cerca del 85% de quienes están cotizando no alcanzará su mesada. En la vejez: ¿empresario o empleado? La tercera edad plantea grandes desafíos. Armonía en las relaciones afectivas que se han establecido, tener un buen estado de salud o las dolencias controladas y un ingreso económico garantizado que brinde tranquilidad, y, ¿por qué no?, realizar aquella actividad no laboral en la que siempre se pensó pero que nunca se efectuó a causa del trabajo. Estos son solo algunos de los aspectos que buena parte de la población se plantea antes y durante la vejez. En lo económico, si bien pensionarse es un sueño para muchos y una recompensa al trabajo de toda una vida, desafortunadamente, en el país este beneficio no está garantizado, especialmente
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