Copidrogas Diciembre de 2014 | 13 Con la asesoría de Marcos Manríquez Neurólogo infantil María del Carmen Aguilera Directora del Centro Leo Kanner de Santiago de Chile Ariel César Núñez Rojas Docente e investigador El trastorno generalizado del desarrollo está definido por el Manual estadístico de diagnóstico de trastornos mentales DSM versión 4, desde 1994 y se divide en las siguientes categorías: autismo, síndrome de Asperger, síndrome de Rett y trastorno de desintegración infantil. Estos trastornos se definen como un grupo de alteraciones del desarrollo psicomotor y de la conducta cualitativa que influyen en interacciones sociales y modalidades de comunicación, así como de movimientos estereotipados y repetitivos. Identificar que su hijo tiene un episodio de gripa puede ser relativamente fácil. En cambio, los problemas de salud mental en los niños pueden ser más difíciles de reconocer, pero es factible aprender a observar los síntomas. Preste atención a las manifestaciones excesivas de silencio, enojo, miedo, tristeza o ansiedad. Los cambios repentinos en el comportamiento de su hijo pueden indicarle que hay un problema relacionado con lo que la mente de los niños procesa. Dentro del Manual estadístico de diagnóstico de trastornos mentales, publicado por la American Psychiatric Association, se proporciona un lenguaje común y criterios uniformes para la clasificación de los trastornos mentales. El diagnóstico de este tipo de anomalías del comportamiento ha ido en acelerado crecimiento en los últimos años, debido principalmente a la exposición de los niños a fenómenos sociales tan agresivos como el matoneo físico y psicológico, y el aislamiento de los escenarios de socialización por el fanatismo a herramientas que bloquean la comunicación con los semejantes, como los videojuegos, los cuales son clasificados como detonantes de los trastornos. Identifique las características esenciales de cada una de estas patologías, compárelas con el comportamiento que puede estar teniendo su hijo y prenda las alarmas si identifica que alguno de ellos es el causante de tanto silencio y aislamiento en su niño(a). SÍNDROME DE ASPERGER “En general, estos pacientes tienen alteraciones en la comunicación. Si juegan con otro niño, se centran en lo propio, no hay correspondencia. Es un monólogo. La otra área perturbada es la de los intereses; se restringen a conductas repetitivas y tienden a preocuparse de una sola cosa. Por ejemplo, de los dinosaurios, y estudian tan concentradamente que saben mucho sobre el tema. Para hacer el diagnóstico se tienen que dar estas dos características”, señala Marcos Manríquez, neurólogo infantil de la Clínica Alemana. El doctor Manríquez afirma que a los menores que padecen del síndrome de Asperger les cuesta escribir, andar en bicicleta y practicar cualquier deporte; sin embargo, compensan sus actividades desarrollando su capacidad mental a través del arte, la música y la ciencia. Suelen parecer pedantes por el continuo uso de palabras que utilizan comúnmente los adultos. El comportamiento de los menores en los primeros años de la enfermedad suele parecer normal, pero después de algún tiempo empiezan a tener síntomas que pueden llegar a preocupar a sus padres. “A partir de los cinco años, emerge un niño muy rígido que por lo general no tolera el contacto físico. Con manías marcadas, por ejemplo, si no cierra la puerta de tal manera, arma una pataleta. Los padres se angustian al ver que los pequeños quieren ordenar el mundo a su antojo. Son apegados a esquemas y rutinas. Se acostumbran a ir por una calle al colegio y cuando eso cambia, se ponen tensos. A los nueve años empiezan las crisis, no quieren ir a la escuela, no desean estar con otros niños. Ya se dan cuenta de que son diferentes y surgen los miedos, se aíslan. Ahí los padres comienzan a buscar ayuda y parte un peregrinar por diferentes profesionales”, asevera María del Carmen Aguilera, directora del Centro Leo Kanner de Santiago de Chile. Los niños con diagnóstico comprobado no piensan igual que sus pares: “Es un pensamiento concreto, hiperrealista. Para ellos las cosas son lo que son. No creen en Dios porque no lo pueden ver. Nosotros somos abstractos y surrealistas, esa diferencia de reflexión los aniquila. Hay niños que se han demorado cinco años en aprender un juego. No son capaces de ver el conjunto, aprenden por partes, por detalles, luego los unen. Así funciona su estructura cerebral, porque necesitan ir entendiendo códigos; para ellos nuestra forma de ser es como hablar en chino. Tampoco perciben la comunicación no verbal. Por eso, cuando están conociendo a alguien no miran a los ojos para no confundirse con los gestos que usamos. Si nos ven serios, piensan que estamos enojados. Son eminentemente visuales, de ahí su interés por la televisión, la computación. Lo ocular les entrega información concreta”, explica la doctora Aguilera. AUTISMO Las personas autistas o con niveles de espectro autista (EA) se caracterizan, básicamente, porque no permiten niveles funcionales de interacción con los demás, como tampoco de referencia conjunta. Presentan actividad no funcional con el medio, marcadas rutinas estereotipadas y con
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