Copidrogas agosto 2014

68| Agosto de 2014 Cultura doctor Augusto Ramírez Ocampo”, mediante la cual a la ciclovía capitalina se le otorga el nombre de este personaje ilustre. Esta actividad ha venido ganando adeptos, importancia, recursos y hoy ya es parte de la cultura capitalina. Incluso, la experiencia se ha extendido a otras ciudades y en la actualidad el país tiene la mayor concentración de ciclovías recreativas en América. CIFRAS PARA EL ORGULLO Bogotá lidera el ranking de ciclovías en la región, con 121 kilómetros de recorrido, y un promedio de 1.000.000 de asistentes cada domingo o día festivo. Medellín, por su parte, cuenta con una ciclovía que alcanza los 29 kilómetros y tiene una asistencia de más de 50.000 personas. La ‘Vía RecreActiva’ de Guadalajara (México) goza de 25 kilómetros y 140.000 ciudadanos se benefician de este programa. En Santiago de Chile, la Ciclo RecreoVía cuenta con la asistencia promedio de 3.000 personas que pueden recorrer sus 7 kilómetros de extensión. A los 29 kilómetros del Ciclopaseo de Quito (Ecuador) asisten 40.000 ciudadanos. En los Estados Unidos, existen ciclovías recreativas en Cambridge, El Paso, San Francisco y Seattle. MÁS ALLÁ DE LA ACTIVIDAD FÍSICA La relevancia cultural de la ciclovía radica en que su impacto va más allá de ser un espacio para la práctica de un ejercicio físico. En ella confluyen otras actividades sociales y económicas, como la venta de alimentos, la apropiación masiva y positiva del espacio público, y la construcción de una convivencia armónica entre automóviles y aficionados o deportistas. Desde luego, el ejercicio es muy importante y, además de impactar positivamente en la calidad de vida de sus habitantes, favorece la salud pública, según se ha afirmado en algunos estudios de la Secretaría Distrital de Salud. ¿La razón? “Su potencial para favorecer la adquisición de hábitos de vida saludable y, en consecuencia, mejorar la salud es tan promisorio que algunos programas de ciclovía recreativa proveen a las poblaciones el 5% de la actividad física semanal recomendada por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC)”, de acuerdo con lo que asevera un estudio de la Universidad de los Andes realizado en 2010 por los investigadores Olga Sarmiento, Andrea Torres, Enrique Jacoby, Michael Pratt, Thomas L. Schmid y Gonzalo Stierling. Por otro lado, los programas de ciclovía son totalmente inclusivos, pues ofrecen a las comunidades la oportunidad de llevar a cabo actividad físico-lúdica sin restricciones de costo, clase social o edad. “Eso sin contar con que su impacto social también se ve reflejado en las oportunidades de empleo que genera. Por ejemplo, el programa favorece la reactivación económica de las comunidades y la participación de los grupos de población en actividades sociales (como las pasantías de los estudiantes de 10º y 11º grado de los colegios distritales)”, explica el director del Instituto de Recreación y Deporte (IDRD), Javier Suárez. Por su parte, la socióloga de la Universidad Nacional Tatiana Gomescásseres agrega el “beneficio adicional que aporta al principio de sostenibilidad debido al alto impacto ambiental positivo que genera el uso de la bicicleta; al desarrollo de la cultura ciudadana, pues la ciclovía es vista como el lugar donde de manera informal y lúdica los habitantes de la ciudad pueden interiorizar normas, desarrollar hábitos de tolerancia y aplicar en sus acciones los valores de la convivencia urbana”. En 2005, la ciclovía recibió el reconocimiento “Ciudades Activas - Ciudades Saludables”, por su contribución al desarrollo de una actividad física alternativa e incluyente para todos los ciudadanos. 

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