¿Se siente víctima del poder y se acostumbró a recibir órdenes? Es hora de ser ‘el jefe de su vida’ y tomar sus decisiones de manera autónoma y responsable. Hágase cargo de usted mismo y entienda que no necesita de figuras autoritarias dañinas para salir adelante y cumplir sus sueños. “…La matriz está en todos lados. A nuestro alrededor. Aun aquí en este mismo cuarto. La ves cuando miras por la ventana... O cuando enciendes el televisor. La sientes cuando vas a trabajar... a la iglesia... Cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que te han puesto sobre los ojos, para cegarte a la verdad”, continúa Morfeo. “¿Cuál verdad?”, pregunta Neo. “Que eres un esclavo, Neo. Como todos, naciste para esclavo. Naciste en una prisión que no puedes oler, probar ni tocar... Una prisión para la mente”. El anterior es un relato de Matrix, un famoso filme de ciencia ficción escrito y dirigido por los Hermanos Lana y Andrew Wachowski, donde se recrea el mundo como una cárcel en la que vivimos como esclavos producto de la obediencia extrema. En el argumento de esta película se plantea la base del problema ante el que se encuentra el hombre al seguir las directrices –buenas o malas, acertadas o equivocadas– de una sociedad o un sistema. Ya Platón presentó al hombre como un ser encadenado ante una pared en la que le proyectan sombras que en su ignorancia toma por el mundo real. Y como el mismo Platón explica en El mito de la caverna, cuando el iniciado finalmente se libera de las cadenas que le mantienen preso, y sale al mundo exterior a contemplar la verdadera luz del sol... entonces recuerda a sus compañeros presos y decide volver a la caverna para explicarles la verdad. Pero los reos no quieren oírle y como insiste se rebelan contra él, pues ellos prefieren creer que los juegos de luces y sombras que en su esclavitud gustan contemplar, es el mundo verdadero. LAS CONCEPCIONES DE OBEDIENCIA Varios autores contemporáneos definen este concepto. “La obediencia tiene lugar cuando un individuo modifica su comportamiento a fin de someterse a las órdenes directas de una autoridad legítima”, dicen John Levine y Marck Pavelchack. “La obediencia dista mucho de ser infrecuente y puede llegar a ser destructiva”, afirman Robert Barón y Donn Byrne. Stanley Milgram realizó en los años 70 un estudio cuyo objetivo era descubrir si un grupo de personas elegidas al azar obedecerían las órdenes de un extraño, en las cuales se instaba a causar daño a otra persona también desconocida. Los resultados mostraron cómo gente corriente estaba dispuesta, aunque con cierta reticencia, a dañar a un inocente si una autoridad, apoyada por un consenso social (dos cómplices), se lo ordenaban. ¿Por qué ocurre esta obediencia destructiva?, ¿por qué los sujetos de este experimento, y muchas personas en situaciones trágicas ceden ante esta poderosa forma de influencia social? Hay varios factores para tener en cuenta. Uno de ellos se relaciona con el papel otorgado a las normas sociales bajo las cuales las personas deben acatar las órdenes de una autoridad legítima que tiene poder y derecho a mandar y, del mismo modo, asigna a sus miembros la responsabilidad de obedecer. En muchos casos de obediencia destructiva, los acontecimientos cambian muy rápidamente, lo cual deja poco tiempo para reflexionar a los participantes: se les ordena que obedezcan y, casi automáticamente, lo hacen. Todas estas presiones forman una fuerza poderosa a la que muchos se sienten incapaces de resistir. Desafortunadamente, las consecuencias de esta importante forma de influencia social pueden resultar desastrosas para muchas víctimas inocentes e indefensas. Agosto de 2014| 37 Copidrogas
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