Coopidrogas Junio 2017

“Un sueño no se hace realidad mágicamente: se necesita sudar, determinación y trabajo duro”: Colin Powell 17 | Los sueños no tienen tamaño; no existen sueños grandes o pequeños. La medida se las da la sensación de felicidad cuando se experimenta su realización. En esto coindicen la mayoría de los grandes pensadores de la historia. Todas las personas tienen el legítimo derecho a soñar y muchas luchan incansablemente por concretar sus metas. Justamente, dicen los expertos, de eso se trata la vida, de pelear a diario para cumplirlas; no es, por lo tanto, magia, suerte o que algunos sean de buenas y otros de malas. Sin embargo, también se trata de construir deseos a la medida de la realidad de cada uno y no soñar con imposibles que nos hagan vivir siempre en el mundo de la frustración. “Hay que distinguir entre los sueños del espíritu y del corazón, los cuales provienen de nuestra parte más inspirada y divina, y los sueños condicionados por la educación, el deseo de tener, la presión social y el entorno. Estamos en una sociedad que es una permanente creadora de necesidades, por lo tanto, tenemos que profundizar en esos objetivos para sacar la paja del grano y ver exactamente si esa meta pertenece a nuestro propósito de alma o es una ambición impuesta”, opina María Carmen Martínez Tomás, graduada en Medicina y Cirugía de la Universidad de Barcelona y autora de los libros Ho’oponopono: lo siento, perdóname, te amo; El espíritu de Aloha: el poder de ser feliz ahora; y Aloha. Muchas personas basan su cotidianidad en el cumplimiento de metas condicionadas y no en lo que realmente desean para la complacencia de su yo interno, y suelen frustrarse más que quienes se satisfacen con lograr deseos pequeños, al alcance de su realidad e inspirados desde su interior. PROGRAMAR LA MENTE Y EL ESPÍRITU Un arte que puede ayudar a esclarecer las inquietudes sobre cómo alcanzar sueños para alimentar el espíritu (no para conseguir cosas), y finalmente ser felices, es el ho’oponopono, práctica milenaria de la cultura hawaiana que significa “hacer lo correcto” (‘ho’, ‘hacer’ y ‘pono’, ‘lo correcto’). Esta disciplina aplicada a la vida cotidiana, a las relaciones interpersonales y a la naturaleza permite cultivar la parte más profunda de la mente para entrenarla de tal forma que se logre la resolución de problemas más fácilmente y se disponga siempre a disfrutar de los objetivos cumplidos. “El ho’oponopono se convierte en una herramienta para conocernos a nosotros mismos y para aprender a identificar cuándo cometemos errores o las debilidades que poseemos, para luego esforzarnos en rectificarlos. De esta forma, entramos en una dinámica de crecimiento permanente porque nos cuestionamos a nosotros mismos, buscamos esa parte que no nos gusta y la minimizamos”, explica Martínez. La publicista Judith Castañeda practica ho’oponopono desde hace un año y medio, y la manera más sencilla en la que lo ha hecho es repetir mentalmente cuando veía o experimentaba una situación que le disgustaba: “Al presentarse esto ante mí, puedo reconocer recuerdos pasados. Esas memorias estaban en mi subconsciente y las distingo por primera vez; por eso, doy gracias por la oportunidad de liberarme. Ofrezco disculpas a la situación creada por esas memorias y la libero a ella y a los involucrados. Lo siento, perdóname, te amo y gracias”. De ser una mujer amargada, manifiesta que pasó a ser una persona feliz tanto en el plano espiritual como material. Otra práctica que ha demostrado eficacia en la programación de la mente hacia el logro de objetivos es la programación neurolingüística (PNL). Santiago Bravo Gallo, entrenador certificado de PNL, afirma que con esta es posible modelar patrones de excelencia. Esta práctica consiste en decodificar

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