Copidrogas septiembre 2014

64| Septiembre de 2014 Cultura Rufino José Cuervo: un legado para el castellano Aunque para muchos su nombre y legado son poco conocidos, los estudiosos del español saben del enorme aporte que hizo Rufino José Cuervo a todos los hispanohablantes. Él consideraba que a través de la unidad de la lengua era posible crear también unión en espíritu y cultura. Semblanza. “Si se tratara de señalar a los 10 colombianos más importantes de todos los tiempos, yo incluiría en la lista a Rufino José Cuervo; si la lista se restringiera a los cinco más importantes, también incluiría a Rufino José Cuervo. Quiero decir que Rufino José Cuervo es una figura cimera de la nacionalidad colombiana, cuya importancia científica y literaria se mide con regla universal”. Las palabras son del periodista Enrique Santos Molano, y con ellas busca destacar el enorme legado que este lingüista bogotano hizo al país y a la lengua castellana. En su libro, Un hombre al pie de las letras, Santos Molano asegura que Rufino José Cuervo le dio al castellano una estructura científica, trazó la “autopista del idioma”. “Y si hoy es común aprender a expresarse correctamente en la lengua de Cervantes, ello se le debe al trabajo de titán que efectuó este magno hombre de las letras en sus libros sobre el castellano, en su voluminosa correspondencia y en sus dos obras”. Hijo de Rufino Cuervo Barreto y de doña Francisca Urisarri, Rufino José nació en Bogotá en septiembre de 1844. Desde temprana edad, cultivó el gusto por las letras, incentivado en parte por su padre, quien era un intelectual, abogado, amante de la lectura y activo participante de la política de la época. Incluso el progenitor, conocido también como ‘el doctor Cuervo’, llegó a ser Vicepresidente de la República bajo el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera. Las vacaciones de los hijos Cuervo Urisarri se dedicaban a la lectura de su biblioteca y a comentar lo leído en discusiones lideradas por él; también a actividades amateur de docencia, pues, pese a su talante conservador, el jefe del hogar promovía que sus empleados aprendieran a leer, a escribir y a contar, siendo sus hijos los profesores designados. La vida académica del intelectual estuvo marcada por la situación política de la época, pues sus primeros años de aprendizaje estuvieron a cargo de los jesuitas, en el Colegio San Bartolomé. Sin embargo, tras la expulsión de esta comunidad

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