Copidrogas septiembre 2014

60| Septiembre de 2014 Columnista Invitada Con toda la apertura sexual, consumo de libros, manuales, juguetes y todo lo relacionado con el sexo, podríamos imaginarnos que la mayoría de las personas tiene cada vez más placer y satisfacción con encuentros sexuales ocasionales y rápidos. Pero en la realidad lo que vemos es totalmente opuesto. El sexo no está haciendo a nadie más feliz por pura falta de conexión emocional entre las personas o, mejor dicho, por la falta del amor. Se escucha mucho y se busca aprender bastante; no obstante, hoy tenemos hombres y mujeres preocupados, ya sea por el número de relaciones sexuales, por el tiempo que estas duran, o por su desempeño, pero muy pocos le ponen cuidado al hecho de que la sexualidad es la parte biológica que tenemos más próxima de lo emocional. Sexo no es lo que está entre las piernas, pero sí lo que está entre las orejas. Se puede afirmar que el sexo por sí solo no trae felicidad, pero el sexo no banalizado y realmente sentido, compartido, vivido en conexión con la mente y el corazón sí es capaz de atraer. Cada vez más aumenta el número de espectadores del sexo, o sea, personas que solo se preocupan por el resultado final y nunca por el proceso, el cual comprende las etapas de un paquete al que llamamos relación sexual, tan placentera que solo es capaz de dar satisfacción cuando es vivida de forma entera, emotiva y real. La falta de deseo, considerado uno de los grandes problemas de la actualidad, tiene sus orígenes en esa falta de calidad sexual que torna el sexo mecánico, repetitivo y sin ninguna emoción. Antes de preocuparse por una cantidad de parejas distintas, tiempos, belleza física o desempeño, hay que acordarse de que el goce pleno únicamente es posible cuando uno se involucra verdaderamente en las sensaciones y es capaz de entregarse, de sentir que valió la pena compartir su momento más íntimo y placentero, de su propia entrega emocional, porque eso lleva a un empoderamiento no solo del cuerpo, sino también de la autoestima, pues, cuanto más sentimos esa conexión, más nos amamos a nosotros mismos. Sexo con amor es complicidad de sentimientos que llegan a unificar completamente a la pareja en la simbiosis producida por la interacción experimentada desde la aproximación de las caricias iniciales, propias de los enamorados a interpenetrar sus almas antes de complementar sus cuerpos. Intimidad, confianza, diversión y, sobre todo, la maravillosa sensación de plenitud es la que se siente cuando, terminado el calor del encuentro, se procede a abrazarse, a conversar, a reírse y, ante todo, a compartir la paz. De eso se trata el sexo con amor, de paz, de tranquilidad y no del miedo o distancia, características conocidas del sexo desconectado del corazón. Ese momento postsexo es lo más valioso, ya que es gratificante y único cuando el amor está presente, porque lo que se queda entre las sabanas no es el sudor, el olor o los aromas, sino la complicidad y la certeza de que cada uno de los dos está en total sintonía con su cuerpo y su mente. Es el sentirse una persona mejor en cada encuentro y creer que todo es posible. Vivir una vida por el deseo es perder la oportunidad de comunicarse verdaderamente con la propia sexualidad y de dar un significado enriquecedor a la propia existencia. Las emociones nos engrandecen y nos hacen entendernos mejor. No nos dejemos engañar. El deseo, cuando surge por sí solo intenso, urgente y desesperado, es como el algodón dulce: se derrite rápido en la boca y el sabor rico del azúcar luego se va y quedamos siempre con la sensación de vacío en el paladar. El sexo con amor es como el caramelo, queda pegado en los dientes y su sabor dulce dura mucho más tiempo, además de permitir que en el paladar permanezca siempre el recuerdo de esa sensación de completa satisfacción. Por Flavia Dos Santos Psicóloga-sexóloga @flavia2santos SEXO con amor

RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==