Copidrogas Septiembre de 2014 | 33 Colombia es el país con el mayor número de especies de aves en el mundo con unas 1.890 debidamente identificadas. Y pueden ser más. Si a esto le sumamos que también abundan muchas otras clases de animales como ranas, sapos, insectos y mamíferos, ya podrá imaginarse el concierto de ‘voces’ que se escucha permanentemente en nuestros bosques, selvas y demás ecosistemas. Pero, para oír estos sonidos no tiene que irse de excursión por todo el territorio nacional, el Instituto Alexander von Humboldt, dedicado a la investigación y estudio de los recursos biológicos, inició, desde 1998, la minuciosa tarea de grabar los cantos de las aves que viven en diferentes zonas del territorio nacional. Es así como hoy cuenta con una colección que ya reúne las ‘voces’ del 83% de las especies de pájaros existentes en nuestro país, es decir, más de 1.500. De acuerdo con Paula Caycedo Rosales, bióloga de la institución y quien se encuentra a cargo de este trabajo, se trata de “una colección biológica que alberga los sonidos de las vocalizaciones de las aves y que busca abarcar el mayor número de especies que producen sonidos para comunicarse”. Y es que el trabajo del Humboldt se centra en las aves, pero en estas grabaciones no solo se puede oír la ‘voz’ del pájaro objeto de estudio, sino toda una mezcla de los acordes que emiten muchos habitantes de los bosques, que van desde grillos, chicharras, saltamontes, ranas y demás seres audibles, aunque anónimos. LA ‘HUELLA DIGITAL’ DE LAS AVES Entre las razones que tienen las aves para cantar están la de atraer pareja para preservar la especie y la de defender su territorio. Sin embargo, la importancia del canto va mucho más allá, pues para efecto de identificarlas este equivale a la huella digital de una persona. Históricamente, a través de su evolución ellas han desarrollado una fisiología y unas estructuras (ver recuadro ‘Por qué cantan…’) para emitir los sonidos y esto hace que ninguna especie cante igual a otra, aunque se parezcan o se hagan imitaciones, como ocurre con los loros, explica la experta. No siempre es fácil ver a los animales en un bosque, tanto por su tamaño como por el follaje mismo, entre otras circunstancias; pero, en cambio, es fácil escucharlos, incluso a distancias lejanas, por lo cual sus ‘voces’ son las que permiten identificarlos y ubicarlos, agrega Caycedo. Y esto no solo sucede con las aves, sino también con todos los animales que se comunican mediante sonidos. NO SOLO PARA ESCUCHAR Una vez grabada, en el laboratorio del Instituto a cada ave se le hace una georreferenciación (con GPS se toman las coordenadas de donde se encontró), los sonidos se codifican y se organizan, Aunque por ahora no son objeto de estudio, con el canto de las aves también se graban los sonidos de los demás ocupantes de un hábitat, tal es el caso de los insectos, que siempre están presentes y le dan con su canto el marco acústico a estos lugares, tal como se puede oír en los archivos de la colección. No obstante, el Instituto Humboldt está interesado en conocerlos por sus ‘voces’, por lo cual sus funcionarios se aprestan para realizar un curso de bioacústica, en el que aprenderán a reconocerlos y grabarlos. Así que, dentro de algún tiempo, seguramente se internarán en el mundo de los grillos, saltamontes, chicharras, luciérnagas y muchos otros seres que aunque hoy aportan sus melodías a los sonidos de la colección, nadie sabe quién es quién en ese concierto. No solo aves… Tucán de la selva de Bahía Málaga. En la región también se le conoce como Dios te dé o paletón, y el nombre científico es: Ramphastos ambiguus. Fotos: Archivo particular de Fernando Ayerbe
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