56| Octubre de 2014 Columnista Invitado Por su carácter autogestionario, su propiedad privada pero colectiva, su gestión democrática y autonomía e independencia organizacional, la gestión cooperativa conlleva un proceso permanente de capacitación tanto en el modelo cooperativo y sus características como en el conocimiento de las competencias requeridas para su desarrollo empresarial, la promoción de la participación de los asociados y la atención adecuada de sus necesidades. La ley colombiana le asigna un papel protagónico en la vida de la cooperativa al proceso de educación, formación, información, asistencia técnica, investigación y promoción. Por eso, promueve la existencia de un comité u órgano asesor de la administración para que apoye este proceso y autoriza que se destine a él una parte del excedente anual de la cooperativa (20%). A su vez, una cooperativa auténtica basa su sostenibilidad y atrae la participación social y económica de sus asociados en el desarrollo de un proceso de educación pertinente, permanente e innovador. Así lo comprueban las cooperativas que han logrado prosperar, permanecer en el tiempo, brindar bienestar a sus asociados y cumplir el propósito socioeconómico para el cual fueron creadas. Por otra parte, desde hace una década, una reforma legal obliga a las cooperativas a aportar el 20% de su excedente para financiar cupos y programas de educación formal, como condición adicional para mantener su régimen tributario especial. Ello sin perjuicio de continuar atendiendo, como en efecto ocurre, su proceso de educación, formación e información cooperativa interna. Durante estos 10 años, el cooperativismo colombiano ha aportado cerca de 713 mil millones de pesos para financiar cupos y programas de educación formal, a través de convenios con el Icetex o con las secretarías de educación departamentales, municipales y distritales certificadas por el Ministerio de Educación Nacional. Millones de niños, niñas y jóvenes colombianos, tanto hijos y nietos de asociados como beneficiarios no vinculados directamente a las cooperativas, han recibido estos apoyos representados en becas y/o subsidios para educación básica, media y superior, dotación de útiles, mobiliario, uniformes, aulas especializadas, laboratorios, infraestructura, entre otros componentes. Solo en 2013, según cifras del Ministerio de Educación Nacional, 918 mil niños y niñas se beneficiaron con la inversión de 42 mil millones de pesos de las cooperativas en programas concertados con las secretarías de educación. Además, a través de 128 fondos especiales y 22 comunes constituidos por las cooperativas en el Icetex, cerca de 40 mil niños y niñas tienen garantizada su educación primaria, básica y media, y más de 45 mil jóvenes colombianos aseguran hoy su educación superior apoyados total o parcialmente por estos recursos. Es necesario y relevante para el país y la sociedad que el gobierno nacional muestre estos resultados, tan importantes como desconocidos, reconozca al cooperativismo colombiano como actor de primer orden y aliado clave en el desarrollo social y cultural del país, y haga visible este enorme esfuerzo en la construcción de un país más educado y solidario. Por Carlos Ernesto Acero Sánchez Director Ejecutivo Ascoop Educación cooperativa y apoyo cooperativo a la educación Cooperativismo: clave en el desarrollo social y cultural del país El principio de educación, formación e información es el motor del modelo de gestión de las cooperativas, las cuales satisfacen necesidades y aspiraciones sociales, económicas y culturales de múltiples grupos y comunidades en todo el mundo.
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