Mayo 2026 | 63 • Rumba. La fiesta en Getsemaní es descomplicada, tropical y auténtica. El gran referente es Café Havana, en la tradicional calle de la Media Luna, una meca de la salsa con música en vivo, que ha recibido a artistas de talla internacional. Del mismo modo, sobresale Quiebra-Canto, clásico infaltable para quienes buscan ritmos latinos y pista llena. • Gastronomía. La oferta culinaria refleja la diversidad del barrio. Desde opciones informales como Di Silvio Trattoria, famoso por sus pizzas artesanales, hasta propuestas de alta cocina como Celele, incluido en el Latin America’s 50 Best Restaurants por su investigación sobre la cocina del Caribe colombiano. Asimismo, destacan espacios frescos y contemporáneos como Sambal y Causal. • Hotelería. Esta ha sabido adaptar las antiguas casonas en hoteles boutique. Sin embargo, resalta la próxima apertura del Four Seasons San Francisco. Este monumental proyecto, respaldado por inversionistas como la familia Santo Domingo, está restaurando el antiguo Claustro de San Francisco (del siglo XVI) y el Club Cartagena. Su llegada marca un hito histórico y abre a Getsemaní al turismo de ultralujo, pero con un profundo respeto por la preservación patrimonial. • La Escuela Taller Cartagena de Indias. Ubicada en el barrio, es un proyecto maravilloso en el que los jóvenes cartageneros aprenden oficios tradicionales (albañilería, carpintería, cocina) para convertirse en los restauradores de su propio patrimonio. • Impacto social y Fundación Santo Domingo. No se puede entender el desarrollo del barrio sin la presencia activa de entidades como la Fundación Santo Domingo, que apoya a los microempresarios y trabaja por el fortalecimiento del tejido social para asegurar que las Coopidrogas Diversos ARTISTAS han plasmado la historia afro y la FAUNA local en sus pintorescos MURALES. grandes inversiones turísticas beneficien directamente a la comunidad raizal y protejan su identidad. • La vida de barrio. En las mañanas, se ve a los vecinos barriendo el frente de la casa y el sonido de las palenqueras y vendedores de fritos ofreciendo la arepa de huevo y la carimañola frescas. Los niños caminan hacia las escuelas cercanas cruzando callejones de colores. En la tarde, las calles se convierten en canchas improvisadas. Es común ver a los niños (y no tan niños) en un tradicional juego de bate o de tapita (una especie de béisbol callejero jugado con un palo de escoba y tapas de botellas), sobre todo los domingos. Y, en las noches, las familias sacan sus mecedoras a la puerta de la casa, directamente a los andenes para recibir la brisa, jugar dominó y charlar con el vecino. • Clases. Lugareños del barrio brindan clases de cocina para quienes están interesados en conocer y aprender sobre la gastronomía caribeña y cartagenera. También hay una amplia oferta de clases de baile de salsa y champeta para que los turistas vivan la cultura en todo su esplendor.
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