40| Mayo de 2014 Columnista Invitado Estamos ad portas –como dicen los más cultos– del Mundial de Brasil, la patria del ‘jogo bonito’, la de Pelé, de Falcão, de Garrincha, de Sócrates, de Zico, de Ronaldo… Y esta vez sí va Colombia, después de 16 años de ayuno. Qué orgullo, qué emoción, qué remanso para este país, al que muchos olímpicos le suelen meter gol. Y es que “la Selección es la patria”, como dijo el Nobel de Literatura Albert Camus, quien fue futbolista, un delantero que la tocaba con muy buena ortografía, con métrica y sintaxis. Sí, eso y más. El fútbol es pasión. Esa misma que le puso Camus de niño cuando, según leí, se pasó a portero porque como atacante se le despuntaban más los zapatos y en su casa la plata escaseaba más que los goles de chilena. En fin, vamos esta vez, gracias a San José… Pékerman y a su equipo de muchachos que le pusieron pelotas nuevas a cada partido de la eliminatoria. ¿Qué puede cambiar para Colombia? Mucho. El estado anímico, que es el motor de la sociedad, e impulsa al país entero. El turismo, el comercio en general. Muchos querrán trabajar más temprano para volarse a ver los partidos, claro, pero se labora con más alegría. Incluso, hay más unión familiar, porque un gol de Colombia hace que uno se abrace hasta con un puercoespín. Dije unión familiar, porque están pasando las épocas en que a las mujeres poco o nada les gustaba el fútbol. O no las dejaban. Hoy, muchas de ellas juegan y organizan partidos en casa, e incluso invitan al esposo. Son muchas a las que les gusta el toquetoque, hablan con propiedad de posiciones, de un 4-3-3 –si se puede todos los días–, de pelota parada, de delanteras efectivas. Qué bello es que a las mujeres les guste el fútbol, que lo disfruten, que lo compartan, que lo practiquen. Que acompañen a sus hijos y esposos. En este deporte no solo hay esparcimiento, sino futuro. A miles de muchachos se les abre el arco del triunfo. Ejemplos, sobran. ¿Qué más significa para el país? Que nos ven millones en el mundo. Les paso de cabecita este datico. Hay cifras de que más de 700 millones de personas vieron la final de Sudáfrica entre España y Holanda. Otros dicen que fueron mil millones. Yo, la verdad, iba contando 502.373 millones y me cansé. Pero eso no más, porque sepan de nosotros, porque vean a nuestros jugadores y los fichen para otros equipos, es maravilla. Muy distinto a cuando, desgraciada y penosamente, fichan en las carpetas judiciales a los colombianos que resolvieron no jugarle limpio a su propia vida. Estamos en el Mundial. Ya veo a Colombia el próximo 14 de junio, inicialmente contra Grecia, en el estadio de Belo Horizonte, con capacidad para 57 mil espectadores pagando y unos 920 ‘coladihnos’. Y allá estará nuestra tricolor. ¡Oh, júbilo inmortal! ¿Exceso de emoción? De golpe, pero estos son los momentos que unen a los pueblos. Y es que hay chance. El mismo Pelé, hombre serio, de 73 años, que no se la pasa por ahí pateando su fama, cree en Colombia. Él, que debería tenernos media tirria, pues una vez fue expulsado en El Campín, dijo que llegaremos lejos. “Colombia siempre tuvo un fútbol muy bonito, un fútbol de clase, técnico. Debería estar también entre los cuatro finalistas”, comentó hace poco en Nueva York. Solo falta el pitazo inicial. Y algunos milloncejos para ir a todos los partidos. Porque, además, hay que ver los estadios. Le dan ganas a uno de ir. Es que muchas cosas, viéndolas, le dan ganas a uno. Hay parejas que al ver luna llena se antojan de luna de miel. En fin, esta nota es para decir que, con la camiseta puesta, viviremos un momento de unión, de fe y emociones en torno de un balón y de unos muchachos que se ponen la camiseta con un orgullo como cuando la mamá, con gran sacrificio, pone a sus hijos a estrenar. Suerte en este estrene, Colombia. Por Luis Noé Ochoa ¡Con la camiseta puesta!
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