Junio 2026 | 39 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Más lindos… menos felices Esta es una época curiosa para todos los que estamos acompañando el mundo de las redes sociales, ya que vemos, cada vez más, cómo personas con sus cuerpos más bonitos, definidos e “instagrameables” son, paradójicamente, menos felices. Existen un sinfín de procedimientos estéticos en todos los niveles y tipos, dietas cada vez más eficaces, muchos medicamentos, casi que milagrosos, para adelgazar y gimnasios dotados de personas “invirtiendo” en su figura. Observamos a diario la comprobación de todos esos sacrificios y la enorme disciplina en las fotos y videos, en todas las redes sociales, de esas siluetas superobedientes, “lindas y perfectas”. Al mismo tiempo, los humanos que habitan en esos cuerpos disciplinados viven una sensación cada vez más grande de vacío y soledad. Ya no es una sociedad que busca ser deseada, sino una que pretende solamente parecer deseada… En la actualidad, el físico dejó de ser parte de la persona y se tornó en una imagen virtual totalmente desconectada, en la que es tanta la disociación que se dice “tengo un cuerpo” y nunca “soy un cuerpo”. Olvidándonos de que ese que habitamos es el que carga historias personales, el que comunica no solo en su composición, sino también en la relación con el mundo y en la forma en que interactuamos y lo tratamos a diario. Es así como el sufrimiento emocional que provoca esa búsqueda por alcanzar esa anatomía que se muestra perfecta, deseable y muy disciplinada se percibe en la medida en que no se conecta con el individuo y se vuelve solo en una imagen externa y distante. El placer, las experiencias, la comunicación consigo mismo y con los otros se están perdiendo en ese camino, y la queja de la falta de deseo y de sexo se transforma en la constante entre esos cuerpos lindos y fotografiados, pero sin deseo y asexuados. La ironía de la actualidad es que esa es la generación que más se expone, se fotografía, se autocontrola, pero que menos se relaciona o promueve el contacto humano, y menos sexo y placer tienen, a tal punto de identificarse en una queja común de aumento de soledad y de dificultad para sentirse conectados con otros individuos. Cuanto más incentivan las redes a mostrar el cuerpo como resultado del control, la disciplina y el perfeccionamiento, más se convierte este en una vidriera de sí mismo para exponerse y no para desear o ser deseado. Es un momento en el que se busca exclusivamente validación en esa obediencia constante, porque parecer perfecto se volvió el objetivo y relacionarse dejó de ser prioridad. Todo exceso también anestesia y las personas están dejando de desear para solamente mostrarse deseables. Es hora de que analicemos hasta qué punto tanta doctrina corporal nos está alejando del mundo, de las relaciones, del placer y del sexo, y, sobre todo, de nosotros mismos. “Cuanto más incentivan las redes a mostrar el cuerpo como resultado del control, la disciplina y el perfeccionamiento, más se convierte este en una vidriera de sí mismo…”.
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