Copidrogas junio 2014

58 | Junio de 2014 Por Héctor Urrego C. El giro de Colombia La historia del ciclismo colombiano en el Giro de Italia se remonta a 41 años atrás, desde 1973, en los cuales se ha escrito, en las difíciles carreteras por donde ha transitado la segunda competencia más importante del mundo, una fabulosa historia que concluye en 2014 con la realización del más grande de los sueños, esto es, llevar para Colombia el famoso y tradicional símbolo de la competencia (La Camiseta Rosada) que identifica al gran campeón y la réplica del hermoso trofeo en espiral que se eleva al infinito con el nombre del forjador de la hazaña: Nairo Quintana. Esta vez, el joven corredor boyacense del equipo español Movistar no solo ha ratificado su título como subcampeón del Tour de Francia 2013, sino que, igualmente, ha mejorado, en vibrante duelo fraternal, el subcampeonato que su compatriota Rigoberto Urán había logrado también el año pasado en el Giro. Catorce corredores colombianos participaron esta vez en “la carrera más dura del mundo en el país más lindo del mundo”, según reza el eslogan oficial de la prueba, y han honrado fehacientemente la historia que sus antecesores escribieron, desde Cochise Rodríguez hasta Oliverio Rincón, quien había sido el colombiano mejor clasificado (quinto) en esta competencia en 1993; pasando por los nombres de Luis Herrera, sexto, rey de la montaña y ganador de tres etapas; Freddy González y Chepe González, bicampeones de la montaña; Iván Parra, Víctor Hugo Peña, Felipe Laverde, Carlos Contreras y tantos otros vencedores de fabulosas etapas y quienes abrieron el camino para que esta nueva generación ciclística pudiese, finalmente, subir al podio de los triunfadores, convirtiendo al Giro de Italia en el Giro de Colombia, gracias a Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Julián Arredondo, además de la actuación de Sebastián Henao, Jarlinson Pantano, Fabio Duarte, por su dominio y omnipresencia en cada una de las 21 etapas y en las clasificaciones finales. Con su victoria, Quintana se abre camino hacia un sitio en el Olimpo de los dioses del ciclismo, gracias a su especial condición para dominar las montañas de Colombia y del mundo, así como su enorme regularidad, fortaleza física y mental para superar todas las contingencias de una carrera de tres semanas como esta, tanto en la ruta como fuera de ella. En esta oportunidad, juntos en la misma prueba, Nairo y Rigoberto se apoderaron de los lugares más preciados en el podio, libraron una hermosa batalla deportiva en medio de las más difíciles condiciones climáticas y topográficas, y le mostraron al público por qué Colombia es hoy una potencia mundial de este deporte, dejando abierto el espacio para esperar la Vuelta a España en septiembre de este año y el Tour de Francia de 2015, al cual seguramente volverá Nairo Quintana, el hombre que deslumbró a todos el año pasado y despuntó como un fabuloso campeón para el presente y para el futuro inmediato. Así las cosas, el ciclismo sigue siendo para el país el más importante de los deportes que se practican aquí por los resultados obtenidos en 66 años de historia mundial, no solo en la ruta, sino en la pista, ciclomontañismo, BMX y paracycling, lo que significa para cientos o miles de hombres y mujeres en toda Colombia la posibilidad de buscar más oportunidades para proyectarse hacia un destino y futuro mejores. Veintisiete años después de que Luis Herrera llevara desde Madrid hasta Fusa la camiseta amarilla de campeón de la Vuelta a España, Nairo Quintana hace lo mismo desde Milán hasta Cómbita (Boyacá), para enriquecer la colección de camisetas que los ciclistas colombianos han ganado por todo el mundo y continuarán, seguramente, trayendo para orgullo y satisfacción propia y de millones de compatriotas. Así sea.

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