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Julio 2026 | 57 Coopidrogas Bogotá es una de las ciudades que canaliza sus cuerpos de agua con el ánimo de expandirse. Eso hizo entre 1910 y 1930 con el río Vicachá —más conocido como San Francisco—, con el San Agustín y con el pasar de los años con más de 40 quebradas que confluían en lo que, para la época de la Colonia, se conoció como el barrio Las Aguas, a las afueras de una emergente capital. Para sacar de su encierro al río e integrarlo dinámicamente con el resto de la ciudad, en el 2001 se inauguró el Eje Ambiental de la Avenida Jiménez, diseño de los arquitectos Rogelio Salmona y Louis Kopec. De todas esas historias ha sido testigo durante cuatro siglos el Claustro de Nuestra Señora de las Aguas, construcción que no puede concebirse sin su vecina, la iglesia del mismo nombre, ubicada en el actual barrio La Candelaria, pues no solo nacieron juntas, sino que están ligadas íntimamente a la historia local y nacional. Su gestor fue Juan Cotrina, quien luego de enviudar se ordenó como sacerdote diocesano, y pidió permiso al arzobispo de Bogotá para erigir una ermita y, posteriormente, fundar un convento. La iglesia y el claustro tuvieron su génesis en un sueño. Cotrina soñó que la Virgen María lo saludó afectuosamente y quedó impactado, así que quiso plasmar su devoción en la iglesia, el convento y en dos pinturas que encargó: la primera, que hoy habita el altar mayor de la Iglesia de las Aguas, es obra de Antonio Acero de la Cruz y muestra a la Virgen, coronada por dos ángeles, al Niño Jesús y a los jesuitas san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier. La segunda, El sueño del bachiller Cotrina, firmado en 1668 por el artista Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, hoy hace parte de la colección del Museo Santa Clara. Actualmente, el Claustro es sede de Artesanías de Colombia y revela al público tres tipos de arquitectura: colonial, republicana y del siglo XX, en un diálogo con las artes y oficios de todo el país, que son su razón de ser. “Es un espacio que asombra porque en él perviven la historia, la arquitectura y la artesanía”, asegura la coordinadora del Centro de Investigación y Documentación (CENDAR) de Artesanías de Colombia, Michelle Olarte, quien además recibe a los visitantes que lo quieran conocer. Recorrerlo es una experiencia que transporta a sus visitantes a la Bogotá colonial con sus arcos redondeados, su fuente central, sus pisos de loza, sus pinturas recuperadas de algunos muros, sus tejas de barro y su decoración rústica y artesanal; pasa por las modernidades de este siglo, con un frondoso caucho sabanero como testigo, y vuelve de nuevo a la República, con sus formas angulosas fácilmente visibles. Allí se percibe cómo se han integrado materiales y estilos en una construcción única, declarada monumento nacional mediante el Decreto 1584 del 10 de junio de 1975. Y por muy “cachaco” que pueda creerse, este complejo arquitectónico alberga el espíritu de Colombia: artesanías del carnaval de Barranquilla; werregues del Chocó; mochilas de todas las regiones —desde La Guajira hasta el Amazonas— de diferentes estilos, técnicas y materiales; muebles de madera, y tapices y tejidos artesanales, así como un sinnúmero de objetos que relatan la riqueza cultural inagotable y colorida El complejo ARQUITECTÓNICO alberga el espíritu de COLOMBIA con objetos que relatan su RIQUEZA cultural.

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