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32 | Julio 2026 ABECÉ DE LA FARMACIA minimizar toxicidad, ahora puede resolverse desde el diseño de la partícula. Estaríamos pasando de tratar enfermedades con escopeta a hacerlo con un bisturí molecular”, afirma. Un ejemplo concreto ya aprobado es la doxorrubicina liposomal, utilizada en ciertos tipos de cáncer con menores efectos adversos que su versión convencional. Este medicamento existe desde hace décadas y es una prueba de que la nanomedicina no es solo teoría: ya está en los hospitales. LA BARRERA QUE NADIE PODÍA CRUZAR Uno de los mayores logros de la nanomedicina es haber encontrado la forma de superar la barrera hematoencefálica, ese muro biológico que protege el cerebro de sustancias extrañas, pero que también impedía que la mayoría de los medicamentos llegaran hasta allí. Las nanopartículas funcionan como vehículos de transporte de moléculas que atraviesan esta barrera, limitando la toxicidad, disminuyendo los efectos adversos en Una vez que esta queda reparada por el propio organismo, luego de unas pocas semanas, se carece de herramientas necesarias para la administración eficaz de medicamentos en el cerebro. Las nanopartículas podrían cambiar esa realidad de forma permanente. “Hablar de llevar un fármaco al cerebro de manera controlada era casi imposible hace veinte años. Hoy es una línea activa de investigación con resultados muy prometedores”, señala Parra. el cuerpo y suministrando fármacos, específicamente al tejido cerebral, para el tratamiento de trastornos neurológicos, incluyendo el párkinson, el alzhéimer, la esquizofrenia, la depresión y los tumores cerebrales. Esto no es menor. Hasta el momento, las terapias para el tratamiento tras una lesión cerebral se fundamentaban en aprovechar el breve período después de una lesión física en el cual se rompe temporalmente la barrera hematoencefálica. Lo que viene y lo que HAY QUE SUPERAR Claro que este panorama no está exento de obstáculos. Debido a su escala nanométrica, estos fármacos pueden interactuar de manera diferente con el cuerpo, por lo que requieren estudios de seguridad específicos antes de su aprobación regulatoria. Los organismos de control, como la Administración de Alimentos (FDA) en Estados Unidos y la Agencia Europea de Alimentos (EMA) en Europa, trabajan en marcos regulatorios adaptados a estas tecnologías, pero el proceso es lento comparado con la velocidad de los descubrimientos. Además, el costo de producción sigue siendo elevado y la infraestructura necesaria para fabricar estos medicamentos a gran escala no existe en todos los países. Para el paciente latinoamericano, el acceso a estas terapias todavía es limitado, aunque la investigación en universidades de la región avanza con fuerza. “El reto no es solo científico, sino también político y económico, de nada sirve tener el medicamento perfecto si llega solamente a quien puede pagarlo”, puntualiza el químico farmacéutico Didier Parra. Con nanopartículas se suministran fármacos al tejido cerebral para el tratamiento de trastornos neurológicos como la depresión, el alzhéimer, el párkinson o la esquizofrenia.

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