Copidrogas diciembre 2014

66| Diciembre de 2014 Una vez terminada en Veracruz (México) la versión número 22 de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pertenecientes al denominado ciclo olímpico, se hace necesario establecer el balance que nos permita ver detenidamente el presente y echar una mirada al futuro del deporte colombiano en general, señalando, de una vez por todas, que vienen de manera inmediata los máximos compromisos del país en esta materia: Juegos Panamericanos Toronto 2015 y Juegos Olímpicos Brasil 2016. Además, es bueno decir también que en cuatro años, esto es, en 2018, Colombia, en Barranquilla, será sede del evento que acaba de terminar en México y, por lo tanto, el compromiso deportivo es mucho mayor. Lo que acaba de suceder en esta olimpíada centroamericana, donde compitieron 31 países en 36 disciplinas deportivas, nos muestra al deporte nacional en un proceso todavía lento, sin la dinámica necesaria para acortar distancias en general, así se hayan ganado los Juegos Bolivarianos y se haya sido segundos en los Suramericanos, pues se sigue dependiendo de disciplinas como las pesas, el ciclismo o el patinaje para recoger el mayor número de medallas posibles, mientras que deportes clave –para acercarse a los gigantes del área–, como el atletismo y la natación, muestran solo casos aislados donde el talento natural y las individualidades sobresalen, pero no el conjunto de disciplinas que permitan ver esa necesaria progresión y crecimiento. Ocupar en Veracruz el tercer puesto (después de Cuba y México), sin alcanzar las 80 medallas de oro estimadas, y superando a Venezuela entre 31 países que compitieron, parece mostrar que la tarea se hizo, pero la realidad nos dice que perdemos terreno (medallas) frente a cubanos y mexicanos en lugar de acercarnos, lo que debería ser la meta natural de un deporte como el colombiano en plena evolución y que debería mostrar muchos más progresos 10 años después de la creación de la famosa ley que permitió cobrar un impuesto del 4% de más sobre el IVA en cada factura de telefonía móvil que cuenta hoy con 50 millones de líneas y que suponía una poderosa inyección de lo que se requiere para estos menesteres: recursos económicos. Sin embargo, esos recursos se han convertido en una feria de misterio, improvisación e incumplimientos, para utilizarlos en lo que se necesita y con el tiempo suficiente, reflejándose entonces un deporte que aún no acaba de tener una organización sólida, poderosa y que se haga sentir en las altas esferas del gobierno nacional, para exigir información, saber cuánto es, donde está y por qué no llega a tiempo ese recurso proveniente de Minhacienda –pagado por el bolsillo de los colombianos–, para que nuestros deportistas puedan seguir subiéndose a los podios, acercándose a las grandes marcas y potencias, consiguiendo más medallas y títulos a los que han demostrado tener acceso, siempre y cuando se cumpla con los requisitos que cuentan sus rivales, mediante una más completa estructura organizativa, técnica y deportiva que hoy es, más que nunca, imprescindible para aspirar a cualquier clase de podios y títulos en el deporte de alta competencia. Así las cosas, es de esperar que, para el futuro inmediato, Coldeportes, el Comité Olímpico Colombiano (COC) y las Federaciones Nacionales tomen atenta nota de lo sucedido en México y nos preparemos mucho mejor para Canadá, Brasil y Barranquilla, a fin de “no retroceder ni para coger impulso”, como reza el adagio popular, pues el listón olímpico de Londres y las ocho medallas conseguidas allí por el deporte colombiano están aguardando a la vuelta de la esquina para superarlas. Así sea. Juegos Centroamericanos: presente y futuro Por Héctor Urrego Deportes Ocupar en Veracruz el tercer puesto sin alcanzar las 80 medallas de oro estimadas, y superando a Venezuela entre 31 países que compitieron, parece mostrar que la tarea se hizo, pero la realidad nos dice que perdemos terreno (medallas).

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