de producción que esté comprometida social y ambientalmente. Por eso, si quiere contribuir, es fundamental que haga de los siguientes pasos un hábito: Verifique que la empresa fabricante del producto que va a adquirir cumpla con toda la normatividad ambiental y genere emplos dignos. Piense si realmente necesita el producto y si le va a dar un buen uso. Si ya se decidió a comprarlo, prefiera aquellos objetos con sello verde y que tengan una hoja de ruta sustentable, con el menor impacto posible para el planeta. Puede que el producto que usted ya no usa tenga la posibilidad de ser utilizado por otras personas, entonces, antes de botarlo, piense si alguien más lo puede necesitar. Esto evitará una posible compra innecesaria. EL PAPEL DE LAS EMPRESAS Indudablemente, un consumo más humano comienza desde que un producto nace, momento en el que los fabricantes tienen la mayor responsabilidad, ya que de sus acciones positivas con el planeta depende que este reciba el menor impacto posible. “Dependiendo del tamaño de la empresa, las acciones que se toman varían, pero toda contribución es un aporte esencial. Así, se puede trabajar en la elección de los insumos que usamos para la elaboración de los productos o la manera en que los movilizamos, pero definitivamente la educación o información que como empresa podamos brindarle al consumidor para que elija productos sostenibles es uno de los mejores aportes que podemos hacer”, señala Julián Bernal, ecólogo de la Pontificia Universidad Javeriana. Igualmente, las compañías pueden optar por emplear modelos de negocio que cooperen en la creación de productos verdes. Esto no significa que dichos productos tengan que ser de una menor calidad, sino que simplemente deben ser elaborados de forma sostenible y más económica, eso sí, garantizando siempre la satisfacción de los clientes. De acuerdo con Rengifo, en las empresas se pueden implementar planes de acción como: Reducción o sustitución de materias primas. Con el uso de materiales biodegradables se produce una menor cantidad de residuos y basura, lo que significa la minimización del impacto ambiental. Disminución del consumo de energía. Si se implementa un sistema sostenible y se reduce el impacto ambiental, se evita el agotamiento de los recursos energéticos fósiles y además se logra ahorrar dinero. La idea es inclinarse por energías alternas, como en el caso de la Compañía Nacional de Chocolates, que actualmente utiliza un residuo de café para generar energía. Reutilización y reciclaje. El empleo de materiales que puedan ser reusados es clave para reducir desperdicios. Un ejemplo es Conalvidrios que tritura botellas y con este insumo fabrica nuevas referencias de vidrios. Uso sostenible de los recursos naturales. La deforestación y la utilización abusiva de otros recursos como el agua tienen actualmente graves consecuencias, por lo que se espera que las empresas hagan un uso responsable de estos. Un ejemplo por seguir es el de Smurfit Kappa Cartón de Colombia, que cultivó sus propios bosques para emplear la madera que allí se produce en vez de sustraerla de ecosistemas naturales. Aumentar la durabilidad de los productos. La meta debe ser crear productos durables, actualizables y modulares, con el fin de evitar un rápido desecho y permitir que, si una pieza del objeto se daña, esta se pueda reemplazar sin necesidad de adquirir uno nuevo. Lo desechable está ‘mandándose a recoger’. El verdadero reto está en crear y consumir productos que sean altamente durables, pero cuyos procesos de fabricación sean de muy bajo impacto para el planeta. Los centros comerciales viven atiborrados de gente en su afán de comprar, pero esta es una actividad que todos deberíamos hacer a conciencia, preguntándonos si realmente necesitamos lo que adquirimos. 34 | Abril de 2014
RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==