Coopidrogas Junio 2017

66 | Cultura De la cuna al sepulcro, realizado por Gonzalo Acevedo y Carlos Schroeder. A este le siguió la producción de la primera película argumental sonora, Flores del Valle, de Máximo Calvo. La industria del celuloide no se detuvo y, por el contrario, con el correr del tiempo, ganó adeptos, fanáticos, estudiosos y creativos, llegando a su consolidación en la década de los 70, por lo que en 1978 se creó la Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine), entidad adscrita al Ministerio de Comunicaciones que patrocinó la realización de 29 largometrajes en un lapso de 10 años. No obstante, esta entidad llegó a su final para dar paso en 1997 a la Dirección de Cinematografía, adscrita al Ministerio de la Cultura, cuya constitución se apoyó en la Ley 397 de 1997, conocida como la Ley General de Cultura. Entre los vaivenes de una industria que basa sus ganancias en las emociones de los espectadores, y pese a la poca apuesta por el talento colombiano para la producción cinematográfica, el 24 de mayo de 2014, el cortometraje Leidi, del realizador Simón Mesa Soto, recibió la Palma de Oro al mejor de su estilo en la 67 edición del Festival de Cannes. Desde entonces, el repunte del séptimo arte nacional no se ha hecho esperar. Casos como el premio Cámara de Oro a la mejor ópera prima, La tierra y la sombra, del caleño César Acevedo, en la 68 edición del Festival de Cannes, en 2015, y la nominación en 2016 de El abrazo de la serpiente, del director Ciro Guerra, al premio Oscar de la Academia de Actores y Productores Cinematográficos, en la categoría de mejor película de habla no inglesa, son muestra de la evolución del séptimo arte en nuestro territorio. Este año marcó un hito en la historia, pues fue cuando se registró la mayor cantidad de estrenos de películas de producción nacional: 41 en total. LOS QUE HAN CERRADO En estos años de grandes cambios y avances, una de las áreas que ha sufrido mayor transformación son las salas de cine. Aunque diversos cinéfilos manifiestan su nostalgia por los teatros de antaño que han cerrado y culpan a las grandes compañías de haber sepultado una tradición, lo cierto es que el cine es una industria que debe adaptarse frecuentemente a nuevos públicos y a nuevas demandas. En este sentido, Bogotá ha sido, quizá, la ciudad que más teatros ha visto cerrar, escenarios que florecieron para albergar toda una cultura intelectual y bohemia, pero que poco a poco fueron quedando rezagados por las mismas audiencias. Ejemplos: El Lido, Bacatá, el Cine Metro, el Americano, el Cid, el Trevi, La Castellana y el Lucía, la mayoría de ellos ubicados en el centro de la capital. Las formas de diversión alternas al cine, como la televisión por cable y el alquiler de películas en casa, y las salas múltiplex, que se hicieron atractivas por estar en los centros comerciales, contribuyeron a que las salas tradicionales cerraran sus puertas. CINE COLOMBIA, LA PRIMERA EN SALTAR A LA PANTALLA GRANDE En nuestra propia historia del séptimo arte, Cine Colombia tiene un papel trascendental. Unos años después de que rodaran las primeras proyecciones en el país, los empresarios antioqueños Gabriel Ángel y Roberto Vélez fundaron en Medellín, el 7 de junio de 1927, la primera compañía nacional de comercialización de películas, tras adquirir la infraestructura de los Di Doménico. ¿Qué ven los colombianos? A través de los años, el espectador colombiano también ha ido tomando una personalidad más definida. Por ejemplo, se evidencia que le gustan más las películas familiares y animadas, según datos de 2016. Sobre este tema, Adelfa Martínez explica, por su parte, que en 2016 cerca del 8% de las entradas a cine correspondieron a películas colombianas, aunque la asistencia sigue estando dirigida principalmente a las producciones de Hollywood. “Las cinematografías locales, incluso en Europa, solo ocasionalmente llegan a los primeros lugares de taquilla. En el caso colombiano, son las comedias locales, con referencia a actores y personajes de la televisión, las que han logrado atraer de manera importante al público”, manifiesta. En otro orden de ideas, y según el estudio realizado por Cine Colombia, Industria cinematográfica de Colombia 2016, actualmente el país cuenta con 189 teatros y 978 salas de cine, es decir, una sala por cada 50 mil habitantes. El seguimiento también arrojó que un colombiano consume en promedio 1,3 películas al año y que cerca de 168 mil espectadores asiste cada día a cine. Sumado a ello, el cine llega a 50 ciudades en Colombia, siendo Bogotá la de mayor tráfico, con 22,8 millones de espectadores al año, lo que significa el 37% del consumo del país. En cuanto a la taquilla, en 2016, sumó 174 millones de dólares, cifra que nos ubica en el cuarto puesto en Latinoamérica después de México (US$821 mm), Brasil (US$746 mm) y Argentina (US$268 mm). Como dato para resaltar, se calcula que el precio promedio por boleta en Colombia es de 8.645 pesos. Todo esto muestra cuánto se ha transformado la industria del cine en el país, la cual seguirá mutando a medida que el mundo evolucione, pese a la nostalgia que dejan los cierres de compañías cinematográficas y de las salas de cine. Mientras el mundo avance, el cine lo seguirá haciendo.

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