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Tribuna

COOPIDROGAS

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Carolina Barreto Londoño

Directora de la Revista

Martha Corcho Ramos

Comunicadora

‘Las Cuevas de

Luis Candelas’

M

uchos de quienes han ido a Madrid

(España) seguramente han visto u oído

hablar de este lugar e, incluso, algunos

habrán disfrutado allí un suculento plato, pues

se trata de un restaurante. Pero la historia de

este sitio no sería interesante si no fuera por el

personaje al que debe su nombre. A continua-

ción transcribimos apartes de la leyenda que,

en una hoja impresa, los comensales pueden

obtener en el establecimiento.

“De entre los lugares más típicos del anti-

guo Madrid, resalta el Arco de Cuchilleros en-

clavado en uno de los ángulos de la herreriana

Plaza Mayor…

Bajando la escalerilla que conduce a la calle de

dicho nombre, así llamada por habitar en ella los

dedicados al oficio de cuchilleros, se encuentran

Las Cuevas de Luis Candelas, sitio concurrido en

los albores del 1800 por lo más castizo de Madrid

de los Austrias, ya que existía un típico mesón…

Sus buenos asados de cochinillos y corderos, mo-

jados con el vino de la tierra, hacían las delicias de

todo viajero que por allí pasaba...

Uno de estos fue el célebre bandolero llamado

por sus amigos Luis Candelas Cagigal, y Don Luis

Álvarez de Cobos para los que lo eran menos...

En las cuevas del mesón se reunía con su

‘cuadrilla’ a celebrar los golpes hechos con fortu-

na, y a preparar los próximos...

A raíz de unos robos, le encarcelan, y su ficha

rezaba así: ‘Luis Candelas Cagigal, de 28 años, ca-

sado, natural de Madrid, con domicilio en Cuchi-

lleros, 1, ladrón profesional, estatura regular, pelo

negro, sin redecilla, ojos al pelo, boca grande y

mandíbula prominente, bien formado y recio’.

Corren los primeros días de diciembre de 1836

y, hecha pública su sentencia, es condenado a

muerte a garrote vil, condena que se lleva a efecto

en presencia del pueblo en las afueras de las puer-

tas de Toledo de Madrid.

Sus últimas palabras: ‘Sé feliz, patria mía’.

Hoy en día, el mesón convertido en restauran-

te conmemora con su nombre a aquel famoso

bandolero, conservando el estilo, el tipismo y la

singularidad de aquella época, junto a una buena

cocina que deleita a todo aquel que lo visita”.

Y hasta en verso también se puede leer la his-

toria de Luis Candelas:

“La historia vas a escuchar del ladrón más popular.

Cuando Luis era un chavea ya era el jefe en la pedrea.

Quince años aún no tenía y a ‘Traga-Niños’ vencía.

A la cárcel lo han llevado, pero él pronto se ha fugado.

Es capitán de cuadrilla de Balseiro y camarilla.

Con audacia y con valor le roba a un embajador.

Roba Candelas después en casa del Genovés.

Comete otro robo un día en una mantequería.

Una gran fama conquista con el robo a una modista.

Es tanto lo que ha robado que a Ceuta va confinado.

Fuego a la cárcel prendió y de este modo escapó.

En amor, como don Juan, fue afortunado galán.

En un baile, cierto día, conoce a Clara María,

Y por conseguir su amor finge ser un gran señor.

Luis la propone fugarse y al extranjero marcharse,

Pero a la joven aterra ir en un barco a Inglaterra,

Y de ella se separó y hacia Portugal marchó.

En Olmedo en un mesón le denuncia un postillón.

Mientras Candelas dormía la guardia le sorprendía.

El comandante de Olmedo, preso se lo lleva luego.

Ya en la cárcel encerrado y a muerte condenado,

Luis el indulto pidió mas la reina lo negó.

Y aunque él a nadie mató, en garrote vil murió

Y con esta moraleja termina esta historia vieja”.

Con sus varias

salidas al

exterior

–Luis Candelas–

despistaba a sus

perseguidores.

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