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70 | Septiembre 2025 PERSONAJE con su arte, dispuesto a resistir las dificultades de la vida a cambio de seguir escribiendo. “Este poeta constituye una de las grandes cimas de nuestra poesía, no solo en el campo latinoamericano, sino en el ámbito mayor de la lengua castellana, y más allá en el contexto de la poesía moderna”, destacó Susana Cella, doctora en Letras y escritora argentina durante el cieSu libro AZUL… marcó el inicio del MODERNISMO en la lengua ESPAÑOLA. rre de la exposición “Rubén Darío, el Modernismo en Buenos Aires”, de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno en la capital argentina. EL ESTALLIDO MODERNISTA Y LA GLORIA EN BUENOS AIRES Tras años de viajes por Centroamérica, Rubén Darío llegó a Buenos Aires en 1893. La capital argentina vivía un auge cultural, económico y editorial, lo que ofrecía un escenario ideal para un poeta en ascenso. Allí encontró trabajo como redactor y corresponsal en varios periódicos, entre ellos La Nación, en el que más tarde escribiría durante décadas. Buenos Aires no solo le dio estabilidad económica, sino algo aún más importante: un público amplio, exigente y dispuesto a escucharlo. Durante su estancia en Argentina, publicó dos libros fundamentales. El primero fue Los raros (1896), una colección de retratos de escritores poco convencionales como Edgar Allan Poe, Paul Verlaine o Lautréamont, que revelaba su afinidad Versos que atraviesan EL TIEMPO La poesía de Rubén Darío dejó poemas muy recordados, como Canción de otoño en primavera, en el que el poeta habla con nostalgia de la juventud perdida: “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”. Estos versos, cargados de melancolía, reflejan como pocos la fugacidad de la vida y el paso inevitable de los años. También supo escribir con ternura y sencillez, como en el poema A Margarita Debayle dedicado a la hija de unos amigos suyos en Nicaragua. Allí convirtió un gesto cotidiano en un canto inolvidable: “Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar...”. En este, la voz del poeta se acerca a la inocencia infantil y deja una estampa que ha quedado como uno de los retratos más dulces de la literatura en español. En ambos casos, la fuerza de los versos demuestra por qué Rubén Darío sigue siendo leído y recordado: logró unir la belleza del idioma con las emociones universales. Estatua en honor a Rubén Darío, en Managua (Nicaragua). Foto: MUNDOSEMFIM

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