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Septiembre 2025 | 69 Coopidrogas De su vida PRIVADA Detrás del brillo público, Rubén Darío ocultaba una vida íntima compleja. Se casó dos veces, la primera con Rafaela Contreras, escritora salvadoreña, con quien tuvo un hijo. Ella murió joven, y su pérdida dejó una huella profunda en el poeta. Su segundo matrimonio, con Rosario Murillo, fue difícil. Vivieron poco tiempo juntos, y aunque formalmente casados, pasaron más años separados. Rosario llegó a perseguirlo por ciudades y países, reclamando sus derechos. Pero el amor más duradero fue con Francisca Sánchez, una campesina española que conoció en Madrid. Ella era analfabeta cuando se conocieron, pero fue su compañera fiel durante más de una década. Francisca lo cuidó cuando estaba enfermo, administró sus finanzas y fue, en palabras del poeta: “La ternura que no me dio el mundo”. Su otro gran fantasma fue el alcohol. Desde joven bebía, pero con los años su adicción se volvió crónica. Intentó dejarlo varias veces, sin éxito. Su salud se deterioró a causa de la cirrosis y la melancolía. Desde muy niño demostró una facilidad inusual para la lectura y la escritura. A los 3 años ya leía, y a los 8 escribía versos con sorprendente naturalidad. Leía a los clásicos españoles, imitaba estilos y memorizaba poesía con una facilidad prodigiosa. Pronto fue conocido en los círculos intelectuales de León como “el poeta niño”. A los 14 años publicó sus primeros poemas en periódicos locales con la firma de su seudónimo. Aunque su educación formal fue irregular, su formación autodidacta fue profunda y constante. Leía todo lo que caía en sus manos: historia, filosofía, religión y, sobre todo, poesía. Ya desde entonces tenía claro su destino: vivir de las letras y llegar más lejos que cualquier poeta de su tiempo. PRIMEROS VIAJES, PRIMERAS PENAS En 1886, con solo 19 años, Rubén Darío emprendió su primer gran viaje fuera de Nicaragua. Fue a Chile con la esperanza de abrirse camino como escritor, pero pronto se enfrentó a la realidad: vivía con escasos recursos, trabajaba en lo que podía y muchas noches durmió en pensiones baratas. A pesar de las dificultades, este período fue crucial para su formación literaria. En Santiago conoció nuevas corrientes estéticas y empezó a leer poesía francesa contemporánea, que influiría profundamente en su estilo. En 1888 publicó Azul…, el libro que marcaría el inicio del Modernismo en la lengua española. Aunque no tuvo gran repercusión en Chile, una crítica positiva del escritor español Juan Valera le dio notoriedad internacional. El joven poeta centroamericano comenzaba a ser visto como una promesa real de la literatura hispánica. A los 3 años RUBÉN Darío ya leía, y a los 8 ESCRIBÍA versos con NATURALIDAD. En este período también vivió en Guatemala, Costa Rica y Panamá. Aunque su prestigio crecía, su situación económica seguía siendo frágil. Muchas veces dependía de trabajos como redactor de prensa, cargos diplomáticos temporales o la ayuda de amigos. Fue en estos primeros años de viajes y adversidades cuando se forjó el verdadero Rubén Darío: no solo el joven prodigio que rimaba con facilidad, sino el artista comprometido Foto: MIKLUHA_MAKLAI Tumba del poeta, en la catedral de León (Nicaragua).

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