58 | Septiembre 2025 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Cuando los traumas sabotean el amor En un mundo de interacciones cada vez más complejas, escucho con frecuencia sobre la dificultad de ciertas personas para establecer vínculos que lleven a una relación amorosa. Esto por cuanto surge un aspecto en particular, no siempre percibido y que suele pasar muy a menudo, se trata de una incomodidad repentina que hace que todo se sienta inadecuado o errado y que provoca un deseo urgente de salir corriendo. Lo que podría ser un descubrimiento se torna en una angustia que impide a la persona dejarse llevar por el momento, la experiencia y la posibilidad de que algo más pueda acontecer. Un autosabotaje no advertido. Y estar consciente de ese saboteo no necesariamente es obvio, ya que nuestra mente entra en un modo defensivo en el que se nos atraviesan varios pensamientos, por lo general muy coherentes, para justificar esa sensación de no interés o de no coincidencia, pero que en realidad podría pensarse que es el miedo a ser rechazado. Anticiparse al fin antes del inicio suele ser una respuesta a traumas pasados no elaborados apropiadamente, es decir, cuando se han vivido abandonos, maltratos físicos o psicológicos y hasta relaciones finalizadas sin el duelo correspondiente. Es allí cuando aparece un trauma que se instala en la persona y que la conduce a una constante vigilancia como forma de autoprotección emocional. Es así como el saboteo es muy evidente cuando antes de empezar una relación se busca finalizarla para evitar entrar en contacto otra vez con la herida mal cicatrizada dentro de uno. Entonces, el camino es alejarse con argumentaciones aparentemente válidas. Esto es interesante porque justo el miedo de ser abandonada una vez más lleva a la persona a hacerlo primero, recurriendo a la acción que tanto evita para sí. Lo cierto es que amar siempre asusta y vulnerabiliza, y también nos pone a caminar sobre un terreno resbaloso, pero, cuando el trauma grita más alto que el amor, a cualquier manifestación de cariño se antepone la desconfianza; ante una muestra de atención, uno se atemoriza; cualquier palabra dicha pasa a ser sobreinterpretada; y con cualquier contratiempo se huye en vez de solucionarlo. Al final, uno termina alejándose por miedo a encarar el amor de frente. Y es que el miedo es la madre de todas las afectaciones, por eso, poder reconocerlas para aprender a caminar junto a ellas es clave en el proceso de resignificación de los propios traumas, pues, por más dolorosos que hayan sido, no son la identidad de la persona. Es decir, eso no es lo que la define en la vida y menos aún en las relaciones; puede que sirvan de referencia, pero jamás de definición. Por último, mirar hacia sí mismo, permitirse sufrir, llorar y hablar sobre eso que fue tan doloroso, y al fin entender que se puede ser mucho más que un trauma es lo que bajará todas esas defensas que se manifiestan en cada nueva posibilidad para amar. “Lo cierto es que amar siempre asusta y vulnerabiliza, y también nos pone a caminar sobre un terreno resbaloso...”.
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