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52 | Septiembre 2025 CALIDAD DE VIDA o completamente evitativa, lo que lleva a un patrón de relaciones intensas y conflictivas. Del mismo modo, es común que existan distorsiones en la forma en que se perciben a sí mismas y a los demás. Frases como “soy inútil” o “todos quieren hacerme daño” reflejan una autoimagen deteriorada y una visión amenazante del entorno. “Cuando observamos reacciones emocionales desproporcionadas ante situaciones cotidianas, conductas impulsivas o repetitivas que generan sufrimiento, y una marcada rigidez en la forma de actuar —incluso sabiendo que les hace daño—, es importante considerar que puede haber un trastorno subyacente”, sostiene Pardo. Estas manifestaciones producen malestar interno y dificultan la adaptación social, laboral y familiar de la persona. Un punto en el que coinciden las psicólogas consultadas es que esta condición no define a la persona. Se trata de un trastorno complejo, cuyo origen suele estar relacionado con una combinación de factores biológicos, genéticos y experiencias tempranas difíciles, como traumas o situaciones de abandono. Al respecto, la psicóloga Ordóñez Luna —con experiencia en programas de salud mental y en la promoción de los derechos de la niñez— lo describe con una metáfora: “Todos nacemos con una mochila que contiene nuestro material genético, el temperamento y la manera en que percibimos el mundo. A lo largo de la vida, nuestras experiencias y aprendizajes pueden reforzar o suavizar esos rasgos ya presentes. Por eso, es tan relevante la psicoterapia en la infancia y la adolescencia: puede contribuir a prevenir que ciertos rasgos de personalidad evolucionen hacia un trastorno límite de la personalidad”. Sin embargo, con un tratamiento adecuado —que incluye terapia psicológica y, en algunos casos, medicación prescrita por un psiquiatra, profesional encargado del diagnóstico clínico y quien hace la evaluación completa— muchos logran manejar sus síntomas y construir una vida estable, funcional y con sentido. “Es esencial que se evidencien hábitos de vida saludables, verificando rutinas, alimentación equilibrada, la práctica de actividad física y relaciones de apoyo”, agrega Pardo. ACOMPAÑAMIENTO CON AMOR Y AUTOCUIDADO Una persona con esta condición puede enfrentar dificultades para relacionarse con su familia, amigos y compañeros de trabajo, quienes muchas veces no comprenden la situación ni saben cómo actuar. ¿Qué pueden hacer quienes están cerca a alguien con TLP? La especialista Pardo anota que, ante todo, se debe tomar conciencia del impacto que esto tiene en la vida diaria. Comprender que, tras un diagnóstico, el amor propio y el autocuidado adquieren un papel central y son clave para construir un entorno más saludable. Por ello, es clave promover prácticas que favorezcan el bienestar emocional: buscar redes de apoyo, establecer vínculos sanos y validar los síntomas, sin restarles importancia. “Además, añade, conocer el propio cuerpo y aprender a identificar los factores que pueden detonar ciertos estados emocionales permite transitar este proceso con mayor calma y autocomprensión. Así, más que una carga, la convivencia se convierte en un camino compartido de crecimiento, respeto y aceptación”. En cuanto al tratamiento, uno de los enfoques más eficaces es la terapia dialéctico-conductual (DBT, por su sigla en inglés), que combina estrategias de aceptación y cambio, y se centra en la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la mejora de las relaciones interpersonales. También pueden ser útiles la terapia cognitivo-conductual (TCC), la basada en la mentalización y, en algunos casos, el uso de medicación para tratar síntomas asociados como la ansiedad o la depresión. Algunas personas con esta enfermedad se perciben a sí mismas como inútiles o fracasadas. Los hábitos de VIDA saludables, la dieta EQUILIBRADA y las relaciones de APOYO ayudan como TERAPIA.

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