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34 | Septiembre 2025 ABECÉ DE LA FARMACIA EL ROL DEL DROGUISTA AL DISPENSAR ESTOS PRODUCTOS La demanda de antimicóticos se ha incrementado en los últimos años por varias razones: mayor exposición a ambientes húmedos y cálidos, uso extendido de calzado cerrado, aumento de casos de diabetes (condición que favorece las infecciones), y también por una mayor preocupación estética frente a lesiones en las uñas o la piel. Además de estas causas, el fenómeno de la automedicación también influye, principalmente en zonas donde el acceso a servicios médicos es limitado. Muchos pacientes acuden a la droguería como primer (y a veces único) punto de contacto con el sistema de salud. Por ello, el droguista no solo cumple la función de venderlos, sino que asimismo orienta y educa al usuario. Su labor es clave para garantizar un uso adecuado de los antifúngicos. Si bien en muchos países algunos de estos fármacos de uso tópico (como cremas) pueden adquirirse sin receta médica, los de administración oral o de mayor complejidad sí requieren prescripción. Por ello, es esencial que el droguista respete esta regulación y no los dispense sin la debida fórmula médica, lo que contribuye a prevenir el empleo inadecuado y la automedicación. En ese orden de ideas, el droguista tiene la responsabilidad de: • Verificar si se necesita receta médica. • Asegurarse de que el paciente entienda cómo usarlo correctamente. • Orientar sobre posibles efectos secundarios y cuándo acudir al médico. Su consejo profesional es clave para prevenir complicaciones y resistencias. Por ello, su orientación es determinante, especialmente, como se indicó antes, en los casos en que se deba asistir al médico. “Detrás de cada antimicótico bien dispensado hay un droguista que no se limita a vender: escucha, pregunta y explica. La salud de la piel, las uñas o los genitales requiere atención especializada. El droguista, al orientar con conocimiento y evaluar cada caso, puede marcar la diferencia entre iniciar un tratamiento adecuado a tiempo o derivar al paciente para evitar complicaciones”, explica Martínez López. En resumen, en un contexto en el que las afecciones por hongos son más frecuentes —en especial en zonas con difíciles condiciones de salubridad—, contar con información clara y orientación profesional es fundamental para un tratamiento eficaz. Cuidar la salud también significa saber cuándo pedir una guía. Frente a cualquier duda o síntoma persistente, acudir a un profesional o a la droguería de confianza no solo es una decisión responsable, sino un acto de autocuidado. Origen de los guerreros CONTRA LOS HONGOS Las infecciones por hongos fueron un problema serio para los soldados durante la Segunda Guerra Mundial. Nuevos fármacos como la penicilina no sirvieron de nada; al contrario, eliminaban las bacterias que combaten los hongos, indica el portal del Programa Lemelson-MIT en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos, sobre la historia del fármaco antifúngico nistatina. En el artículo señalan que uno de los hitos más famosos de la historia de la ciencia médica estadounidense es la colaboración a larga distancia de Elizabeth Lee Hazen y Rachel Fuller Brown, quienes crearon y patentaron un fármaco maravilloso del siglo XX: el primer antibiótico eficaz del mundo para combatir los hongos. “Bajo el auspicio del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, Hazen trabajaba en esa ciudad para desarrollar un medicamento que eliminara diversas formas de hongos, mientras que Brown, en Albany, utilizó su experiencia para proporcionar a Hazen formas específicas y adecuadas de bacterias con las que trabajar. Tras meses de intercambiar muestras de suelo e información por correo postal, inventaron la nistatina”, apunta la publicación.

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