Septiembre 2023 | 27 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga El “dedo podrido” en el amor Tradicionalmente, creemos que las personas malvadas, o las malas parejas, llegan una y otra vez a nuestras vidas porque tenemos un imán para atraer a los individuos que nos hacen sufrir de cualquier manera. ¿Será? En ese orden de ideas, podemos decir que en realidad existe un Cupido, que hace que el amor sea algo totalmente involuntario, ajeno a nuestro deseo y decisión, y preguntarnos si nosotros somos simples flechas de Cupido que van por el mundo divirtiéndose con nuestras vidas. Ese famoso “dedo podrido” no es más que la repetición de ciertos patrones de comportamientos en nuestras vidas como un intento de reparar dolores del pasado. Son modelos que vienen desde la niñez y que, de alguna forma, no son ajenos a nosotros porque terminan siendo una reiteración de algo que ya hemos vivido. Lo repetimos por ser conocido, seguro y, sobre todo, porque sabemos cómo lidiar y aguantar la situación. Es estar en un ambiente muy familiar, en el cual es viable movernos con cierta facilidad. Padres maltratadores, así como infieles en el matrimonio, o abusivos física o psicológicamente, ausentes, poco amorosos. Todo esto deja heridas profundas que, aunque parezcan silenciosas, acompañan a las personas y muchas veces se manifiestan en esas repeticiones de estilos de relaciones amorosas, de manera consciente o inconsciente. Lo más difícil, y que sería la solución para esas reincidencias, es hablar, entrar en contacto con los traumas del pasado y, finalmente, encontrar el espacio para expresar el dolor, la rabia, la impotencia y la frustración. La terapia es la posibilidad para revivir todo eso que quedó guardado del pasado y nunca tuvo la oportunidad de ser resignificado y no solo “olvidado”. El tiempo no cura nada; esta es una de las grandes mentiras de la actualidad, porque ningún trauma carga un calendario que va dictando el orden para la mente humana. Una herida mal cicatrizada sangra y duele cada vez que se toca, aunque en ocasiones no se sabe muy bien de dónde vienen esas repeticiones tan dolorosas, ya que somos muy buenos para guardar lo que nos fragiliza, pero al final del día todo lo que está escondido se manifiesta por otras vías. Cupido no existe, como tampoco el “dedo podrido”, pero sí podemos afirmar que en nuestros comportamientos y elecciones de vida hay algo más profundo, que nada es por obra del destino… Todo tiene una razón de ser y no tener la consciencia ni el control de eso es lo que nos hace sentir víctimas de la vida y nos impide ser responsables de lo que hacemos. La historia de cada uno es única, es percibida de manera distinta y dar nuevos significados a viejos dolores sería el camino para frenar las tan traumáticas repeticiones de patrones de comportamiento y, en especial, de malas elecciones amorosas en nuestras vidas. “El tiempo no cura nada; esta es una de las grandes mentiras de la actualidad, porque ningún trauma carga un calendario que va dictando el orden para la mente humana”.
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