0261_Coopidrogas_Revista_Octubre_2025

Octubre 2025 | 61 Coopidrogas Para ello, trabajaron con restos de cinco sitios arqueológicos: • Checua: un asentamiento precerámico de hace 6.000 años. • Laguna de la Herrera: correspondiente a la cultura herrera, de hace 2.000 años. • Las Delicias y Soacha: con restos de la fase inicial y final de la cultura muisca (1.200 y 520 años). • Purnia (Los Curos, Santander): asociado a los guanes (hace 530 años). “Los sitios arqueológicos estudiados son una zona clave para entender cómo se poblaron las Américas. Fue el puente terrestre entre Norte y Suramérica y el punto de encuentro de tres grandes regiones culturales: Mesoamérica, la Amazonía y los Andes”, afirma Kim-Louise Krettek, autora principal y estudiante de doctorado en el Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente en Alemania. El ADN se extrajo, principalmente, de la porción petrosa del hueso temporal y de piezas dentales, áreas que conservan mejor el material genético. Luego, se secuenció y comparó con datos de poblaciones modernas y antiguas de América. LOS PRIMEROS HABITANTES: UN LINAJE PERDIDO Del total de 21 individuos, la determinación genética del sexo indicó 10 mujeres y 11 hombres. Las muestras iban desde cazadores-recolectores precerámicos de hace 6.000 años (Checua), pasando por comunidades agrícolas del período herrera (2.000 años atrás), hasta poblaciones muiscas más recientes, de entre 1.200 y 500 años antes. Los resultados sorprendieron, incluso, a los propios investigadores. Los siete individuos más antiguos, de la fase precerámica de Checua, pertenecían a un linaje completamente desconocido hasta ahora. Este linaje se originó a partir de las primeras migraciones humanas que entraron a Suramérica, pero no tiene relación genética directa con los antiguos pueblos de Norteamérica ni con las poblaciones indígenas actuales del continente. “Encontramos que los individuos más antiguos tenían un linaje que no comparten con los del resto del continente. Al comparar esas secuencias con las otras muestras de referencia, descubrimos que no tienen una conexión ancestral. Normalmente, en investigaciones de otras muestras del territorio americano se hallaban ancestros comunes, que atravesaron Bering y llegaron a Norteamérica y de ahí hasta el Cono Sur, pero estos linajes no los habíamos visto, no sabemos de dónde vienen. Puede ser que provengan de otras oleadas migratorias del norte de América, pero no se han analizado hasta el momento. Esto es muy importante”, expresó al diario El País Andrea Casas Vargas, integrante del Grupo de Genética de Poblaciones e Identificación de la Universidad Nacional y del grupo de investigadores del estudio. En otras palabras, eran parte de una rama humana que, tras miles de años en la región, desapareció sin dejar descendencia genética en los pueblos que llegaron después. Ninguno de los grupos indígenas actuales de Colombia, incluidos los muiscas históricos, comparte ADN significativo con esos primeros habitantes del altiplano. EL GRAN REEMPLAZO: LA LLEGADA DESDE EL ISTMO Esta investigación también evidenció un cambio genético en la población hace unos 2.000 años, lo que hizo que ese linaje original dejara de aparecer en los registros genéticos. En su lugar, surge un nuevo componente genético procedente de poblaciones de Centroamérica, específicamente del área del istmo de Panamá. Estos recién llegados están asociados a la cultura herrera, conocida por el uso de cerámica y prácticas agrícolas más complejas. Los análisis genéticos revelan que este grupo tiene mayor afinidad con los hablantes de lenguas chibchenses del istmo de Panamá y Costa Rica que con los pueblos indígenas contemporáneos de Colombia. ASENTAMIENTOS de hace más de 6.000 años no tienen relación GENÉTICA directa con las poblaciones indígenas ACTUALES. Templo chibcha, en Sogamoso (Boyacá).

RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==