Octubre 2024 | 49 Coopidrogas La palabra autoestima debe hacer parte del lenguaje y del trabajo familiar desde la niñez. Se define como la manera de verse a sí mismo, de aceptarse, valorarse, pero también de relacionarse con los demás. De hecho, cuando se promueve como debe ser, sin caer en el narcisimo (el sentido exagerado de importancia del yo), ayuda en el desarrollo emocional, social e intelectual, en el aprendizaje, en las relaciones con los otros y en la actitud ante los problemas y desafíos. Según el psicólogo clínico Camilo Gómez, la autoestima se genera a partir de las ideas y las experiencias de las personas, que hacen que esta sea positiva o negativa. “El hecho de que se construya tiene una gran ventaja y es que, así como se han aprendido unas ideas, también se pueden desaprender. Son modificables y se van formando de acuerdo con las situaciones que han vivido los niños y lo que les han dicho en casa, al igual que lo que les expresan los profesores y los mismos compañeros”. “Es por eso que puede haber dos hermanos criados en el mismo hogar y de la misma manera, pero si a uno le dicen A y al otro B, probablemente en uno la autoestima sea más baja porque sencillamente han recibido ideas y conceptos distintos, de allí que varía de persona a persona, condicionada por lo que ha vivido y sentido cada una. Pero también depende del juicio que hace el individuo sobre sí mismo, relacionado con lo que ha aprendido o lo que ve en los otros. Eso ayuda a formar o a deformar la autoestima”, agrega. Para nadie es un secreto que alguien con autoestima alta se da su valor porque se siente seguro y competente, y eso le permite establecer vínculos sanos con su entorno, llámese familia, amigos, colegio, universidad o trabajo. Sin embargo, su construcción toma tiempo y esfuerzo. Y el esfuerzo, aparte de familiar, debe ser individual, más cuando en ocasiones la conformación de la autoestima también está condicionada por el género, lo que afecta en especial a niñas y mujeres. Por otra parte, hay que tener en cuenta que los adolescentes presentan bajo nivel de tolerancia a la frustración, a causa de los estándares establecidos por la misma sociedad. Por ello, durante la crianza, son los padres quienes tienen la misión de educar a los hijos en valores, hábitos y hasta creencias, en sus primeros años de vida, pues entre los 5 y los 7 años se empieza a construir la personalidad y, en ese sentido, es clave el ejemplo de la familia, al inculcar la importancia de conceptos como la autoaceptación, la autocompasión y el autoconocimiento. La psicóloga María Elena López, autora del libro Inteligencia familiar, afirma a este respecto que la familia desempeña un papel esencial en la regulación del comportamiento social, la educación y la socialización de los niños. Esto se logra mediante el cariño y el cuidado de las necesidades afectivas muy puntuales y profundas, como la identidad, el sentido de pertenencia, la aceptación y el reconocimiento, que son las bases para la formación de la personalidad, la autoestima y la estructura emocional. La familia es más que un apellido. Piense en su impacto en nuestra manera de sentir y de pensar. Ella tiene la misión de ser educadora y creadora de competencias para la vida, ya que es el primer entorno en el que desarrollamos a plenitud nuestras potencialidades afectivas, cog- noscitivas, sociales y físicas. Allí construimos los aprendizajes básicos que tendrán un impacto duradero en la manera como posteriormente nos relacionamos con el mundo. La confianza y el amor propio son fundamentales para sortear los momentos difíciles. Eso es la autoestima, que se desarrolla a lo largo de la vida, pero sus bases se establecen en la infancia. La familia desempeña un rol vital. La AUTOESTIMA se forma o deforma de acuerdo con el ENTORNO en que se vive y los APRENDIZAJES.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==