Octubre 2023 | 45 Coopidrogas “es la actitud la que vuelve conflictiva la comunicación. Conviene evadir el enfrentamiento, hablar de manera benevolente, mantener el control y no desquiciarse”. Y es que muchos perciben un desacuerdo como una intimidación, lo cual activa una serie de sensaciones en el organismo, como una explosión de energía, latidos cardiacos y frecuencia respiratoria más rápidos, y hasta tensión en los músculos. La incomodidad también se refleja físicamente. Es lo que el psicólogo, periodista y escritor estadounidense Daniel Goleman denomina “el secuestro de la amígdala”, a lo cual hace referencia en su libro La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el cociente intelectual. Este concepto se refiere a que la amígdala cerebral (conjunto de neuronas que se relacionan con el procesamiento y las reacciones emocionales) cuando percibe una amenaza hace que la persona responda de manera irracional y no sea capaz de pensar con claridad. Así, es probable que el otro lo capte y actúe de la misma manera, con lo cual la conversación cambia de rumbo y se transforma en una discusión sin pies ni cabeza. Esa es la razón por la que, en ocasiones, es normal experimentar temor de expresar la opinión, a diferencia de los niños que no tienen miedo a decir lo que piensan porque no cuentan con la noción del riesgo ni de hacer el ridículo. En los adultos implica ser políticamente correcto. “A las pláticas difíciles se les teme porque no resultan placenteras, son desagradables. Por eso, la primera reacción debe ser tratar de no entrar en conflicto. Si no es vital, lo recomendable es salirse de la situación. Cuando es inevitable y se requiere una solución, entonces hay que enfrentarla y manejarla sin agresividad y buena escucha”, enfatiza Cid. A su juicio, con frecuencia las discusiones se dan sin una razón de peso por aspectos sin trascendencia, “solo están motivadas por la agresividad y la falta de asimilación del otro, más que por una confrontación real. Tendemos a ser reactivos y no necesariamente hay que aceptar todo lo que llega. Lo pertinente es ser proactivo: actuar es lo más importante. En el trabajo, por ejemplo, existen relaciones conflictivas que son arremetidas con roces, incomodidad y fastidio que impiden la búsqueda de soluciones. En estos momentos los diálogos se precipitan y se rompen relaciones sin necesidad. EN EL TRABAJO Para el caso del entorno laboral, el equipo de resolución de conflictos y servicios de mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dice, en su artículo Estrategias para Afrontar una Conversación Difícil, que “es complejo entablar un diálogo constructivo con alguien cuyo punto de vista, quizás, no coincida con el nuestro, sobre todo cuando nos sentimos vulnerables o estresados. En estos casos, es natural sucumbir a patrones de conducta inmediatos y tan humanos como adoptar una actitud defensiva, huir, resignarse o desear tomar represalias”. No obstante, explica que existen maneras de controlar las situaciones complicadas y de afrontarlas de forma proactiva y positiva: “Es posible reconducir estas desavenencias con comunicaciones constructivas y enriquecedoras capaces de convertir el nuestro en un ambiente de trabajo especial”. Al respecto, Camacho aconseja “pensar en los hechos y en los datos para darle objetividad a la charla. En una DISCUSIÓN conviene RECONOCER lo POSITIVO que tiene el OTRO. A diferencia de los adultos, los niños no le temen a decir lo que piensan.
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