24 | Octubre 2023 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga La crisis en la intimidad La palabra intimidad tiene una estrecha relación con lo íntimo, cuyo término tiene su origen en el latín intimus, esto es, la conjunción del adjetivo latino intra ‘dentro’ y el superlativo mus ‘más’, que significa: lo más recóndito, lo más interior y profundo. Pero este es un concepto paradójico y confuso para muchas personas, sobre todo en la contemporaneidad en la que las relaciones cada vez son más etéreas, es decir, se mantienen en la superficie sin ninguna posibilidad de profundización o de intensidad. Las explicaciones son muchas, una de ellas es la mala comprensión de lo que realmente es, ya que muchos asumen que la intimidad es simplemente desnudarse frente a otra persona, tener sexo o creer que es permitirse, a veces, hablar por hablar sobre cualquier tema. Pero si miramos atentamente podemos decir que hay, cada vez más, una necesidad de huir de los vínculos que llevan a la intimidad, a pesar de aparentar todo lo contrario, pues la tecnología ofrece la capacidad de aproximación con otros individuos. Es justo ahí donde se logra huir de lo que sería íntimo de verdad. Las redes sociales, las aplicaciones de encuentros rápidos y las páginas de relaciones sexuales pueden aparentar ofrecer intimidad y abrir la oportunidad para que haya una entrega a la comunicación fluida, pero lo que pasa realmente es que estos canales los utilizan para protegerse de algún tipo de acercamiento, luego de experimentar una vivencia íntima real. Nada de eso sería un problema si no fuera una constante la insatisfacción amorosa y la falta de comunicación entre las parejas, que va en aumento en la actualidad. Pocas palabras, voces, miradas... la tecnología aceleró el contacto con otros, pero deshumanizó las relaciones. La velocidad de un mensaje grabado o escrito reemplazó lo que constituye el principio de la intimidad. El contacto humano en la palabra, el tono de la voz, las miradas, las expresiones corporales, las pausas e, incluso, la respiración, van abriendo el camino para llegar y aproximarse el uno al otro. Y eso no solo aplica para las relaciones de pareja, sino también para las demás interpersonales, en las que vemos cómo la rapidez de la comunicación genera esa distancia entre las personas; muchas veces están una al lado de la otra y, sin embargo, no comparten ninguna intimidad emocional. Compartir la intimidad es algo que se da a partir del lenguaje, de la palabra, del decir y escuchar, inclusive, muchas veces, del silencio, ya que este tiene su lenguaje propio, que solo puede ser entendido y acogido cuando ella se hace presente. Así que no se trata solamente de hacer partícipe a los otros de nuestros gustos, rutinas o coincidencias, sino, igualmente, de nuestros miedos, incoherencias y angustias. Es sobre todo, hablar de sí mismo y del lado más difícil que nos toca lidiar; en pocas palabras, de poder sentir. Finalmente, para llegar a eso, hay un camino de confianza, no de crítica, ni mucho menos de rechazo. El objetivo es que la intensidad de una verdadera intimidad sea compartida y cada uno de los involucrados en la relación puedan sostenerse el uno al otro, una vez que se haya dado la complicidad. Los invito, entonces, a revisar cómo van sus relaciones íntimas y a ver cuánto están dando de soporte y apoyo en sus vidas. “Compartir la intimidad es algo que se da a partir del lenguaje, de la palabra, del decir y escuchar, inclusive, muchas veces, del silencio, ya que este tiene su lenguaje propio, que solo puede ser entendido y acogido cuando ella se hace presente”.
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