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62 | Noviembre 2025 PERSONAJE británicas para cine y televisión. Participó en películas como Sin camino de regreso y Conductores del infierno (ambas en 1957), y en series de la BBC, en las que fue perfeccionando su presencia ante las cámaras. El salto importante llegó con la cinta Darby O’Gill y la gente pequeña (1959), una producción de Disney que, si bien no fue un gran éxito, puso a Connery en el radar. Su porte y su mezcla de rudeza y encanto lo hicieron destacar frente a otros actores de su generación. EL NACIMIENTO DE UN MITO: JAMES BOND El gran giro en la vida de Sean Connery llegó en 1962, cuando fue elegido para encarnar a James Bond en Dr. No. Ian Fleming, creador del espía británico, dudaba de aquel joven escocés de origen humilde, lo consideraba demasiado ordinario para un personaje que imaginaba sofisticado y con aires aristocráticos. Sin embargo, los productores Albert R. Broccoli y Harry Saltzman vieron en él la mezcla perfecta de dureza y carisma que necesitaban para llevar las novelas al cine. molde del que ningún sucesor pudo escapar. Fleming, que había sido crítico al inicio, terminó rindiéndose; incluso dio a Bond un origen escocés en la novela Solo se vive dos veces (1964), como homenaje al actor. ENTRE EL ÉXITO Y EL PESO DE UN PERSONAJE El éxito, no obstante, tuvo un precio: la fama abrumadora lo encasillaba y lo perseguía fuera de los rodajes, el público y la crítica lo asociaban exclusivamente con el “007”, lo que limitaba su libertad creativa y sus posibilidades en otros géneros. Aunque James Bond lo catapultó a la fama, Connery también quedó atrapado en la sombra del personaje y llegó a mostrar incomodidad con él, pero su impacto era irreversible: había transformado un héroe en mito cinematográfico, y al hacerlo, él mismo se convirtió en leyenda. Sin embargo, el actor estaba decidido a no quedar encasillado. Durante los años 60 y 70 aceptó papeles con los que buscaba romper la imagen de espía glamuroso: trabajó en Marnie (1964), de Alfred Hitchcock; La colina de la deshonra Connery se preparó a conciencia para mejorar su dicción y proyectar elegancia, sin perder la virilidad que lo distinguía. El resultado fue magnífico: su primera aparición en pantalla, pronunciando el ya mítico “Bond, James Bond”, definió no solo al personaje, sino un estilo de masculinidad que marcaría a toda una generación. La saga se consolidó con títulos como Desde Rusia con amor (1963), 007 contra Goldfinger (1964) y Operación Trueno (1965), que convirtieron a Bond en un fenómeno global. Los trajes impecables, los autos Aston Martin y el célebre martini “agitado no revuelto” se volvieron símbolos culturales, mientras la interpretación de Connery imponía un La vida privada del CABALLERO ESCOCÉS Fuera de los sets, Connery cultivó una imagen de hombre reservado, orgulloso de sus raíces escocesas y firme en sus convicciones políticas. Fue un defensor del nacionalismo escocés y apoyó el referéndum por la independencia de Escocia, aunque vivió gran parte de su vida en las Bahamas. En lo sentimental, se casó en 1962 con la actriz australiana Diane Cilento, con quien tuvo a su único hijo, Jason Connery, también actor. El matrimonio terminó en 1973. En 1975 se unió a Micheline Roquebrune, pintora franco-marroquí, con quien compartió el resto de su vida. Connery fue nombrado caballero por la reina Isabel II en el año 2000, recibiendo oficialmente el título de “Sir Sean Connery”. Para sus seguidores, ese reconocimiento fue la confirmación de que había sido un ícono del cine y un embajador de la cultura escocesa en el mundo. Foto: DARIOS Foto: SPATULETAIL Placa conmemorativa, situada en Londres.

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