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Noviembre 2025 | 51 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Dejar de seguir al “ex” En este nuevo ordenamiento de las redes sociales, de la sobreexposición y de la facilidad de contactos, se pone sobre la mesa una duda que suele abordar a las personas acerca de cuando las relaciones se acaban: ¿dejar o no de seguir a ese ser que fue tu pareja? Hasta 10 años atrás no vivíamos ese fenómeno tan cotidiano de acompañar el día a día de todo el mundo, de quien nos interesa o llama la atención de alguna manera. En el pasado teníamos sus teléfonos, sus direcciones y muchas veces los amigos comunes, pero cuando las relaciones terminaban, el saber sobre la vida del otro, salvo algunas excepciones, fuera por compartir los mismos espacios de entretenimiento o amigos, o siendo colegas en el mismo ambiente de trabajo o habiendo hijos en común, la decisión de alejarse y no tener que saber más cómo el “ex” o la “ex” seguían llevando sus vidas, nuevos amores o rutinas permitía que cada uno pudiera finalizar su trabajo del duelo con más tranquilidad y menos dolor. Hoy, la gran pregunta de las personas es si deben o no mantener “el seguimiento” del otro, o simplemente bloquearlo de los ojos y de la mente. La duda en cuanto a esa decisión termina siendo un reto adicional para uno mismo y su ego, ya que, por un lado, el dejar de seguir puede ser interpretado como inmadurez o como resentimiento y, quizá, como poca autoestima. Pero, por el otro lado, seguir viendo y acompañando a esa persona también se puede ver como una búsqueda de un eslabón perdido en una relación que prometía ser exitosa, sin que se termine por entender lo que se podría haber salvado, ¡mundo muy difícil el nuestro, el de la actualidad! No obstante, tenemos que admitir que cualquiera que sea la decisión tomada será avalada y, seguramente, interpretada por el otro, y, por eso mismo, es importante preguntarse: ¿necesito el distanciamiento?, ¿ver a mi “ex” me está haciendo mal o me es totalmente indiferente?, ¿sigo alimentando algún tipo de esperanza de volver o, por el contrario, un dulce sabor de amarga venganza? Son muchos e inevitables los cuestionamientos y, tal vez, lo más saludable sea darle la prioridad al propio bienestar emocional antes que a la opinión y percepción de otras personas. De la misma manera que amar es una decisión, dejar de hacerlo también lo es, y es parte de ese proceso, porque sí, es un proceso con etapas, dolores, miedos y mucha soledad, pero en el que el protagonista siempre será uno mismo y no el “ex”, los amigos o la sociedad. La distancia visual puede ser muy necesaria, pero para finalizar los procesos, a veces, no se requiere dejar de “seguir”. Por último, es primordialmente necesario dejar de dar importancia a lo que cualquier persona piense u opine sobre decisiones que en absoluto les pertenecen. Vale un viejo dicho brasilero: “Lo que los ojos no ven el corazón no lo siente”. “Son muchos e inevitables los cuestionamientos y, tal vez, lo más saludable sea darle la prioridad al propio bienestar emocional antes que a la opinión y percepción de otras personas”.

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