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66 | Noviembre 2023 PERSONAJE del Renacimiento del quattrocento italiano, de la mano del historiador del arte Roberto Longhi. Precisamente, durante aquellos años desarrolló una fascinación por la obra de Paolo Uccello, cuya experimentación con los volúmenes en búsqueda de la tridimensionalidad de los cuerpos resultó determinante para el temple artístico de Botero. Al respecto, declaró que “estos pintores tenían pasión por el volumen, total que yo me identifiqué inmediatamente, porque cuando empecé a pintar ya era volumétrico mi trabajo. Por intuición o no sé por qué, pero yo hacía volúmenes muy pronunciados, yo diría que más que hoy en día. Es decir, siempre me ha interesado esa manera de pintar de los italianos del quattrocento, que son muy coloristas y logran hacer, casi sin sombras, una pintura que es ‘redonda’, que es volumétrica”. Su primer encuentro con el viejo continente duró hasta 1955, cuando aterrizó de vuelta en su patria natal para realizar una exposición de las obras que había hecho en Europa. La crítica artística fue inicialmente fría, pero los designios del amor le fueron favorables, pues en Bogotá conoció a la gestora cultural Gloria Zea, con quien celebró su primer matrimonio del cual nacieron Fernando, Lina y Juan Carlos, y quien más adelante se convirtió en directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Junto a Zea fue a México, donde el artista se dejó permear por el trabajo de coterráneos como Alejandro Obregón y otros notables como Rufino Tamayo, mientras emprendió un proceso de estudio y experimentación que lo llevaría a asentar las bases de su estilo artístico, basado en una singular representación figurativa del volumen. A los pocos meses presentó su primera exposición en Nueva York, donde el público empezaba a reconocer su valía como artista. No en balde, a su regreso a Bogotá fue nombrado docente de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, y se consolidó como el pintor más importante del XI Salón de Artistas Colombianos de 1958, al ganar el primer premio con la Camera degli Sposi (Homenaje a Mantegna) II. Esta obra maestra, una reinterpretación crítica de La cámara de los esposos del pintor renacentista Andrea Mantegna, fue inicialmente descartada del Salón, pues su estilo “feísta” desalentó al jurado, que consideró el trabajo de Botero poco más que una caricatura de la obra. Sin embargo, cuando la crítica de arte Marta Traba salió en su defensa y explicó el homenaje rendido por Botero en su trabajo, la obra fue reintegrada y condecorada con el primer premio, por lo que hoy es recordada como uno de los puntos más críticos para la apertura del lenguaje pictórico del colombiano. UN LUTO DE MAGNITUD ARTÍSTICA Tras divorciarse de Zea en 1960, Botero se instaló en Nueva York, donde el éxito fugaz de su arte empezaba a disolverse con el cambio de las tendencias. Y no era para menos, pues en una época en la que las preferencias pictóricas y artísticas del público apuntaban más bien hacia el minimalismo, la sustracción y la abstracción, Botero se precipitaba cada vez más hacia la exageración figurativa, la saturación del volumen y la literalidad del mensaje. No obstante, pese a la adversidad, su arte no pereció ni el divorcio le ensimismó, ya que a lo largo de la década del 60 celebró una seguidilla de muestras y exposiciones entre Europa, Estados Unidos y Colombia, y su segundo matrimonio se consumó en 1964. Al lado de Cecilia Zambrano, Botero continuó sembrando su descendencia al concebir a su hijo Pedrito, quien falleció a los cuatro años de edad en un accidente de tránsito durante un paseo vacacional de la familia por España. Esta tragedia se convirtió en el momento más traumático en la vida del artista, al punto de que creyó que no volvería a pintar, ya que en un intento por salvar a su hijo perdió parte de los dedos de la mano derecha y, además, la afectación emocional obnubiló su juicio artístico, impidiéndole, durante largo tiempo, pensar en algo distinto a la muerte del pequeño. Al menos 20 cuadros cuyo único tema era el amor de Fernando por Pedrito y la pieza principal Pedrito a caballo, de 1974, le ayudaron a sobrellevar el duelo. Sin embargo, la desventura dañó definitivamente el matrimonio con Zambrano y provocó la segunda separación matrimonial del artista. Museo Botero, situado en Bogotá. Escultura Gato, en el barrio del Raval, en Barcelona (España). La mano, escultura de bronce, en Madrid (España). Foto: VALI.LUNG Foto: NOYANYALCIN Foto: POSZTOS

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